miércoles, 26 de febrero de 2025

¿A qué juega el señor Presidente?


Orlando Ortiz Medina*

¿Estamos frente a un presidente que se declara amarrado por las inercias de una institucionalidad que finalmente se le impuso como una camisa de fuerza?


Tomado de Revista Sur
Entrando ya en su última etapa de gobierno, el presidente Gustavo Petro parece dispuesto a recomponer sus relaciones con el Congreso buscando superar el bloqueo que se le ha impuesto para no dejarlo avanzar en sus reformas.

Lo cierto es que lo hace caminando en arenas movedizas y en lo que bien podría terminar siendo un salto al vacío; pues no solo no tiene garantía de que efectivamente logre este propósito, sino que en ese tránsito se han develado fracturas con su equipo de trabajo y con algunos de los movimientos o sectores políticos que fueron definitivos para su triunfo en las elecciones de 2022. Asimismo, ha aumentado la incertidumbre sobre la posible continuidad del Pacto Histórico en 2026, sin duda el que mayor trascendencia ha tenido en los últimos años, si de las comunidades hasta ahora más olvidadas y al margen de los espacios de representación se trata. 

¿Se está preguntando cómo seguir jugando con las negras mientras debe pensar desde las blancas? 

Lo ocurrido en el cuestionado Consejo de ministros del pasado 4 de febrero inquietó a propios y extraños sobre lo que puede estar pasando por su cabeza y la manera como se propone retomar el control sobre los cuadros que se están moviendo en el tablero. ¿Se está preguntando cómo seguir jugando con las negras mientras debe pensar desde las blancas? 

¿Estamos frente a un presidente que se declara amarrado por las inercias de una institucionalidad que finalmente se le impuso como una camisa de fuerza? ¿Un presidente de cuyo entorno político no pudo liberarse y que no le deja otra opción para tramitar sus reformas que el mercado de prebendas, transacciones y otorgamiento de cuotas burocráticas, que es justamente el tipo de anclajes en que se ha soportado el establecimiento?  ¿Hasta dónde puede ceder o tensar la cuerda con la oposición sin sacrificar sus principios ni la relación y el apoyo de los círculos más afines a su plataforma ideológica y programática?

Las respuestas a estas preguntas no son fáciles y deben llevar a consideraciones que, sin que puedan desmarcarse de las urgencias que agobian, deben ir más allá de lo que significa un periodo de gobierno.

En el fondo, lo que va quedando en el ambiente es saber si, tanto desde el presidente como desde los contradictores de su propio entorno político, se es consciente de lo que está en juego

 En el fondo, lo que va quedando en el ambiente es saber si, tanto desde el presidente como desde los contradictores de su propio entorno político, se es consciente de lo que está en juego en una situación en la que, por primera vez, el país ha marcado un punto de inflexión en su historia política, que es lo que significa la llegada de un presidente de izquierda a la jefatura del Estado. Más aún, que ello es el resultado de un proceso bastante largo de acumulación de fuerzas que trasciende los actuales liderazgos, en el que nuevas organizaciones y formas de representación, con nuevas agendas de discusión, han sido los verdaderos protagonistas, en el anhelo de sobreponerse a más de doscientos años de hegemonía de unas élites ajenas a sus intereses. 

A quienes forman parte de la estructura de Gobierno, empezando por su gran líder, les asiste entonces una enorme responsabilidad a la hora de leer el momento histórico y las consecuencias que se puedan derivar de sus actuaciones. En el triunfo de 2022 concurrió un movimiento social diverso y, en general, desmarcado de afiliaciones y liderazgos políticos, aunque claramente comprometido con la decisión de empujar los cambios que se necesitan para superar una democracia a medias y un Estado capturado por las mafias y los intereses privados; barreras que impiden superar las enormes condiciones de exclusión e inequidad, además de la dolorosa situación de violencia en que ha transcurrido la mayor parte de la historia de Colombia. 

Más que la sumatoria para un favorable resultado electoral, la emergencia de ambientalistas, jóvenes, mujeres, comunidades diversas, líderes comunales, campesinos, estudiantes, pueblos indígenas y afrocolombianos, como actores de primer orden en el lugar de las deliberaciones y las decisiones políticas es el resultado de una sociedad que se ha venido transformando y de una cultura política que avanza y ha logrado ampliar y reconfigurar el mapa de las representaciones políticas.

Es claro que estamos en el escenario de la política, lugar en el que se dirimen los asuntos del poder, en el que es válida la construcción de alianzas, entablar negociaciones, hacer acuerdos e incluso concesiones cuando se trate de despejar caminos que permitan avanzar. 

Es ahí en donde se deben concentrar las miradas y abrir la inteligencia para mantener una apuesta en la que no se puede ser inferior a las circunstancias, sin dejar de tener en cuenta que se actúa dentro los límites de una institucionalidad confeccionada a la medida, no de los que llegan, sino de los que no se quieren ir, y que se está lejos todavía tener unas bases programáticas y una capacidad de convocatoria suficientemente consolidada.  

Es claro que estamos en el escenario de la política, lugar en el que se dirimen los asuntos del poder, en el que es válida la construcción de alianzas, entablar negociaciones, hacer acuerdos e incluso concesiones cuando se trate de despejar caminos que permitan avanzar. Pero lo es también que es un juego en el que se enfrentan límites que obligan a pensar en cómo actuar, cómo comunicar y cómo no perder el norte frente a apuestas en las que en Colombia ya se ha avanzado. 

En ese orden de ideas, preocupan los más recientes acontecimientos, incluido el referido Consejo de ministros, que no han sido propiamente una puesta en escena de quienes aspiran a dejar un saldo a favor, ni de sí mismos ni de sus realizaciones. ¿Qué estaba pensando el señor presidente cuando, sin que lo dijera, se reveló en el Consejo de ministros como el protagonista de una crisis en la que de paso ponía en la picota pública a su grupo más cercano de colaboradores?

Si se trataba de una evaluación del quehacer de sus funcionarios, se careció de rigor técnico, se hizo alusión a unas cifras de las que nunca se explicó a qué exactamente se referían, qué tipo de indicadores se estaban midiendo, a qué respondían las metas no cumplidas, tampoco las cumplidas. Fue una presentación en exceso simple, sin contexto, sin análisis y, más grave aún, frente a la que los supuestos responsables no tuvieron mayor oportunidad de reaccionar porque la palabra estuvo bajo el estricto dominio del señor Presidente, a quien pareció olvidársele que no era otra que su propia gestión la que se estaba evaluando. 

¿Debemos decir que la izquierda y los sectores progresistas se están quedando cortos para hacer frente al quiebre histórico que está viviendo Colombia? 

Sorprende por demás que no hubiera hablado nada de los logros, que sí los ha habido durante su mandato, y que es justamente lo que tenía que mostrarle a una audiencia, en general desinformada, y a la que seguramente poco le interesaban los temas más bien sin sentido que ocuparon la mayor parte de su tiempo.

Preocupa que frente a un escenario tan complejo y en el que son tantas cosas las que están por resolver, lo que más haya quedado para las murmuraciones de la tribuna sea la presencia de nuevo en el gabinete de un señor como Armando Benedetti o la continuidad en el mismo de la señora Laura Saravia; dos lunares que han resultado tan costosos que alcanzan para anegar en aguas turbias, no solo las realizaciones de un equipo de trabajo, sino las esperanzas de esa parte del país que todavía, desde la otra orilla del establecimiento, sigue creyendo y pujando por el cambio. 

¿Debemos decir que la izquierda y los sectores progresistas se están quedando cortos para hacer frente al quiebre histórico que está viviendo Colombia? Con optimismo debemos pensar que no, que lo que ocurre es propio de los ires y venires de la política, en medio también de un proceso de aprendizaje en el que, ojalá, en el balance final los costos no vayan a estar por encima de los resultados.

Vale de todas maneras traer a colación la famosa frase de Jorge Eliecer Gaitán de que “el pueblo es superior a sus dirigentes”; de pronto sirva de llamado de atención a los líderes o representantes, o que así se han proclamado, para que no vayan a dejar al descuido el sueño de una ciudadanía cuya voluntad de transformación sigue latente y que no espera de ellos menos que su buen juicio, su sensatez y su grandeza. 


*Economista-Magister en estudios políticos


domingo, 19 de enero de 2025

Catatumbo S.O.S

Orlando Ortiz Medina*


Aquí no es un gobierno el que está fallando, sino la tozudez de unos grupos a los que los dejó la historia, se degradaron en su guerra o se desviaron en sus propósitos. 


Foto tomada de Caracol radio
Lamentable la situación que vive hoy el Catatumbo. El ELN muestra de nuevo su torpeza y ceguera política y se suma al sueño de la extrema derecha de que el propósito de paz del presidente Petro fracase, porque eso le da réditos para deslegitimar a su gobierno y despejar el camino que le permita recuperar la presidencia en las elecciones de 2026. 

Flaco favor le hace el ELN a la paz, al primer gobierno de izquierda que después de mucho esfuerzo y muchos muertos logramos en Colombia, y gran favor le hace a quienes siempre nos han gobernado y se han atravesado como un palo en la rueda para no permitir que los anhelos de cambio sigan adelante.

El presidente Petro ha mostrado toda su voluntad, desde el primer minuto de su gobierno ha sido coherente con su propuesta de campaña, ha dispuesto todo, incluso con cierta dosis de laxitud, para que los procesos de diálogo se lleven a cabo y avancemos hacia una salida política al conflicto armado. Pero ello no es posible si no se encuentra reciprocidad, si desde la otra orilla no se dispone del mismo propósito y no se actúa con coherencia y con honestidad, que es lo que no ha dejado ver el ELN. 

El presidente Petro ha mostrado toda su voluntad, desde el primer minuto de su gobierno ha sido coherente con su propuesta de campaña, ha dispuesto todo, incluso con cierta dosis de laxitud, para que los procesos de diálogo se lleven a cabo y avancemos hacia una salida política al conflicto armado

Se equivoca el ELN si piensa que el país le va a comprar una propuesta de paz en la que no muestra interés alguno en cesar la confrontación e ir dando pasos serios hacia el desescalamiento del conflicto. 

No se ha dado cuenta del daño terrible que está causando en los territorios, no se ha dado cuenta de que hay una sociedad civil cansada de la guerra porque es ella la principal víctima y la más damnificada. No entiende que es precisamente a esa sociedad a la que hay que proteger y fortalecer y con la que hay que contar para acabar con el dominio hegemónico de las élites políticas y económicas tradicionales, lo que no será posible en el marco de una guerra que, si alguna vez lo tuvo, perdió razón de ser y sentido histórico.

Los que celebran este recrudecimiento de la guerra, que siempre han celebrado, los baluartes de la derecha y la extrema derecha, pasan saliva y beben en el cáliz de su sangre, mientras reclaman lo que nunca ellos lograron. Quién si no ellos son los responsables del estado de postración, desigualdad, miseria y violencia que han dejado después de más de doscientos años de gobiernos corruptos e incapaces. Ese fue el país que Gustavo Petro heredó y no se puede pedir ahora que en tres años se resuelvan las infamias acumuladas en más de dos siglos.

Hay que mantener el apoyo al gobierno nacional, respaldar la decisión de romper los diálogos con el ELN, declarar el estado de conmoción en la región y hacer presencia con la fuerza pública

¿Que este gobierno perdió el control en el Catatumbo? ¿Cuándo acaso los gobiernos anteriores lo tuvieron? Todos los gobiernos anteriores le cedieron la soberanía del Estado a los grupos armados de uno u otro cuño. ¿Que de lo que se trata es de llevar inversión social y garantizar sus derechos a los pobladores? Claro que sí, pero ¿por qué hasta ahora se acuerdan de ello los vocingleros de la oposición y nunca durante sus gobiernos se ocuparon de ello? 

Hay que mantener el apoyo al gobierno nacional, respaldar la decisión de romper los diálogos con el ELN, declarar el estado de conmoción en la región y hacer presencia con la fuerza pública. Por supuesto que la ruptura del proceso de diálogo no es una noticia que nos alegre, pero la insistencia en la guerra de la organización armada no deja otra alternativa. 

De todas maneras, la voluntad de paz y la disposición al diálogo debe mantenerse en firme. Aquí no es un gobierno el que está fallando, sino la tozudez de unos grupos a los que los dejó la historia, se degradaron en su guerra o se desviaron en sus propósitos. 

Señores del ELN, el uribismo y toda la extrema derecha les deben estar prendiendo velitas. Pero no propiamente para velar a sus muertos.


*Economista-Magister en estudios políticos 


viernes, 13 de diciembre de 2024

Queda claro, no es suficiente ganar la presidencia


 Orlando Ortiz Medina*


Si algo ha ocurrido es que a la ciudadanía le ha ido quedando claro que no basta ganar la presidencia y que es imperativo que los partidos y sectores sociales alternativos conquisten también las mayorías en el próximo Congreso.


Tomada de redes sociales
Una nueva salida en falso y una jugada perversa y en contra de los sectores sociales más vulnerables se produjo el 11 de diciembre en el Congreso de la República, en la sesión conjunta de las Comisiones III y IV de Senado y Cámara de Representantes, en la que se hundió el Proyecto de Ley de financiamiento presentado por el presidente Gustavo Petro. 

Lo que ocurrió no fue nada distinto a lo que se esperaba en un Congreso cuya mayoría está en cabeza de los partidos de la oposición y que no ha hecho otra cosa que establecer un bloqueo sistemático a las políticas de cambio que ha tratado de poner en curso este Gobierno. Las bancadas del Centro Democrático, Cambio Radical, el Partido Conservador y el Partido Liberal, con la anuencia también de algunos integrantes del Partido Verde, cerraron, una vez más, el camino por el que se pretendía avanzar hacia un sistema de tributación más progresivo, que era lo que se buscaba con el llamado a que los sectores de más altos ingresos hicieran un mayor esfuerzo tributario y contribuyeran de esta manera a cerrar la enormes brechas de desigualdad que en todos los niveles aún persisten en Colombia.   

Lo cierto es que su ansia destructiva y la saña que muestran en contra de esa parte de la población que sí está convencida de la necesidad de los cambios les pueden pasar factura y llevarlos a perder por partida doble en las próximas elecciones.

El resultado es que algunos de los programas sociales, que son los que están en la base del cambio que el país necesita, quedarán desfinanciados. De nuevo se salió con las suyas la Derecha y una parte de ese Centro desteñido, que pretenden que con ello van a seguir ganando en su propósito de desprestigiar y de lograr que nada le funcione a la coalición progresista que gobierna hoy en Colombia, creyendo que de esa manera abonan el camino que les llevará a recuperar el poder en 2026.

Lo cierto es que su ansia destructiva y la saña que muestran en contra de esa parte de la población que sí está convencida de la necesidad de los cambios les pueden pasar factura y llevarlos a perder por partida doble en las próximas elecciones. Pues si algo ha ocurrido es que a la ciudadanía le ha ido quedando claro que no basta ganar la presidencia y que es imperativo que los partidos y sectores sociales alternativos conquisten también las mayorías en el próximo Congreso. Es un gran aprendizaje saber que nada se logra con un presidente chantajeado y maniatado por unas élites y sus representaciones partidistas, que se niegan a salir del estado de confort que les ha permitido mantener sus ambiciones particulares por encima de los de las mayorías nacionales. 

Una vez más ha quedado demostrado que los sectores que más demandan atención : los desempleados, las amas de casa, los sin pensión, los de pensiones pírricas, los campesinos, los indígenas, los afrocolombianos, los jóvenes que ni pudieron continuar sus estudios ni tienen una oportunidad laboral, etc., no están debida y suficientemente representados en una instancia de tanto significado para la democracia como es el Congreso de la República. Por el contrario, se sigue legislando mayoritariamente en contra de sus intereses, lo que exige una reconfiguración más drástica del mapa de representaciones, que hoy continua en cabeza de las viejas maquinarias partidistas, los partidos Liberal y Conservador, y sus nuevas configuraciones: Centro Democrático, Cambio Radical, Partido de la U, que son, en esencia, vino viejo en odres nuevos.   

La manera como se ha querido afectar al gobierno bloqueando su acceso a recursos y su disposición para atender gastos que socialmente se consideran prioritarios no tiene justificación.

La manera como se ha querido afectar al gobierno bloqueando su acceso a recursos y su disposición para atender gastos que socialmente se consideran prioritarios no tiene justificación. El país ha mostrado un desempeño económico satisfactorio en estos dos últimos años. La pobreza ha disminuido, la inflación ha caído sustancialmente, el desempleo ha cedido, la tasa de cambio se ha mantenido estable y se ha cumplido con el pago de la deuda externa. Tendremos un cierre de año con crecimiento positivo y un 2025 que augura todavía mejores resultados. Todo esto es reconocido por Tirios y Troyanos. Justo es entonces permitir que también se avance en materia de políticas redistributivas, que fue precisamente a lo que se le puso el palo en la rueda en la sesión del 11 de diciembre en las sesiones conjuntas de Cámara y Senado. 

No gratuitamente la economía colombiana fue reconocida como la sexta de mejor desempeño entre los países de la OCDE en 2024 por la revista de The Economist, por encima incluso de países como Israel, Suiza, Corea del Sur, Suecia, Países Bajos, Estados Unidos y Alemania. Es también el único país de Suramérica que aparece entre los diez primeros de la lista. Son lugares que nunca se habían ocupado y que dan cuenta del esfuerzo serio y la actitud responsable que ha tenido el Gobierno, luego del lamentable estado en que la dejó la administración anterior y pese a que ha tenido que trasegar en medio de una muy difícil coyuntura internacional.

Gustavo Petro está demostrando que es posible apropiar políticas que lleven hacia una economía en cada vez mejores niveles de estabilidad y equilibrio, que avance a su vez hacia mejores indicadores de equidad, sin necesidad de sacrificar a ninguno de los sectores sociales, en especial a aquellos que están en peores condiciones de vulnerabilidad. 

 Hay que terminar de convencerse de que estamos en una transición y que esto apenas está comenzando.

Contrasta lo anterior con lo que ha venido ocurriendo, por ejemplo, en Argentina, en donde si bien el gobierno de Javier Milei ha logrado bajar la inflación y disminuir el gasto público, lo ha hecho a unos costos sociales enormes y muy onerosos para la democracia , que también más temprano que tarde le pasarán factura a su gobierno y en su conjunto a la sociedad argentina. Baste con decir que solo en el primer semestre de 2024, comparado con el mismo semestre de 2023, la pobreza en Argentina se elevó en cerca de trece puntos porcentuales y que aún su economía se mantiene en recesión.

Nada que sorprenda cuando los logros de Milei se han obtenido a costa del cierre de dependencias oficiales, entre ellas algunos ministerios, el recorte de la nómina y los salarios de los trabajadores públicos, la disminución de las mesadas pensionales, la paralización de obras públicas y el recorte de subsidios que atendían necesidades de los sectores más empobrecidos. 

Adicionalmente, y contrario a lo que se vaticinaba, el manejo de la economía y la defensa de la responsabilidad social del Estado se ha hecho en el marco del pleno respeto y acogimiento al Estado de Derecho y las normas institucionales. Nada ha habido que desconozca o atente contra el equilibrio de poderes y que no pase por las instancias que el fuero y el debate público exigen a la hora de tramitar las reformas. Justamente es ahí donde ha estado el nudo gordiano del que se han valido los defensores a ultranza de un establecimiento que mantiene los amarres y los vicios de antaño, configurados a la medida de quienes se siguen resistiendo a que se pongan en cuestión sus privilegios. 

Vendrá un año muy difícil por el golpe que los partidos tradicionales le han dado a la iniciativa del gobierno, que tendrá que ver cómo jugársela para no ceder en su propósito de atender las necesidades de los sectores más vulnerables y seguir adelante para que se pueda hacer efectiva la implementación de sus propuestas.

Habrá que pensar muy bien entonces la decisión de voto para Congreso y Presidencia de la República en 2026, pues la única manera de seguir avanzando en los cambios es que se avance también en la reconfiguración del mapa político, no solo en el Congreso y el ejecutivo, que de suyo sería ya un gran logro, sino en general en el conjunto de la geografía y el mapa político nacional. Hay que terminar de convencerse de que estamos en una transición y que esto apenas está comenzando. 


*Economista-Magister en Estudios políticos 

sábado, 2 de noviembre de 2024

Esta guerra es un asunto de papel higiénico


Orlando Ortiz Medina*


No debe ser fácil eso de ponerse a contar que no es solo un dicho eso de que uno es capaz de cagarse del susto.


Foto tomada de El Tiempo.com
–¿Cómo pueden vivir tranquilos ustedes en medio de tanto bombardeo? ‒le pregunto a don Carlos**‒, un campesino productor de cacao de un municipio del norte del departamento del Cauca.

‒Pues le voy a confesar, don Orlando ‒me dice mientras se acomoda en la mesa en donde compartimos un café‒, cada vez que hay un bombardeo, a mí me da diarrea; me ocurre ya no más que sienta el paso de los helicópteros. Es algo impresionante, automático, me pongo muy nervioso, siento el malestar en el estómago y enseguida me manda pal´baño.

‒ ¿Cómo así, don Carlos? ¿Y le pasa siempre?

‒Sí, es inevitable, no le estoy diciendo mentiras, es la pura verdad. Yo ya me acostumbré, entonces lo que hago es echar madrazos, esa es otra de mis reacciones, aparte de encomendarme a Dios y esperar que dejen de sonar los tramacazos. Esto es muy verraco.

Es de manos gruesas, anchas; cómo no, si nunca ha hecho otra cosa que trabajar en el campo; en sus uñas lleva el rastro de sus jornadas que día a día comienzan antes de las cinco de la mañana.

Don Carlos es un campesino afrocolombiano que se soporta y se desplaza con un caminador; una de esas estructuras metálicas que simulan cuatro patas y con la que reemplaza la tercera parte de la pierna que le falta, que no sé cómo perdió y por pura falta de confianza no me he atrevido a preguntarle.

Tiene alrededor de unos setenta años, es alto, de buena contextura física, dientes grandes y blancos y su pelo canoso refulge con su piel negra y curtida que refleja el paso del tiempo vivido en la zona rural del municipio de Guachené, en el departamento del Cauca. Es de manos gruesas, anchas; cómo no, si nunca ha hecho otra cosa que trabajar en el campo; en sus uñas lleva el rastro de sus jornadas que día a día comienzan antes de las cinco de la mañana.

Estamos en un salón que nos han facilitado en un edificio de oficinas de Santander de Quilichao. Allí se reúnen cada cierto tiempo algunos líderes campesinos de distintos municipios del departamento, en este caso vinculados a la producción cacaotera, actividad que se ha convertido no solo en una forma de defensa y resistencia cultural sino prácticamente en su única fuente de vida. Nada fácil para una región que, ya nos los explica la diarrea de don Carlos, ha vivido siempre todo tipo de contrariedades.

Don Carlos me responde con esa amabilidad y esa franqueza que lo caracteriza y lo muestra como la persona agradable y bonachona que es: 

‒Aquí siempre nos toca decir que estamos bien, pues, ni modo, ya sabe que no solo la diarrea sino también la lengua nos puede castigar el culo. Qué importa que estemos mamados con tanta violencia y tanta guerra, la verdad es que estos últimos días han sido invivibles.

 Se pueden estar dando plomo allá en la loma, pero si usted baja al pueblo va a ver que la gente está tranquila, caminando y comiendo helados en el parque, y los señores jugando cartas y tomando tinto

‒No lo dudo, don Carlos‒le respondo‒, si la vivo y la siento yo que la veo por los noticieros o me entero de ellas en los periódicos en Bogotá, ya me imagino cómo será para ustedes que la llevan en el estómago. 

‒Sí, es lamentable y cada vez peor, y nosotros los campesinos los más jodidos y los que más llevamos del bulto. 

No me explico -Continúa don Carlos, no sin cierta indignación‒ que mientras yo siento los efectos que le cuento, para otros es como si no pasara nada. Se pueden estar dando plomo allá en la loma, pero si usted baja al pueblo va a ver que la gente está tranquila, caminando y comiendo helados en el parque, y los señores jugando cartas y tomando tinto. Son tantos años conviviendo con la violencia que hoy ni un muerto ni diez ni veinte son noticia; es algo tan del día como ir al cultivo a limpiar la maleza o a recoger el cacao. Yo era uno de los que disfrutaban ir a la loma, pues eso por allá es muy bonito, pero hace muchos años que dejé de ir; a mí el miedo, y la flojera, sí me han ganado la batalla.

Don Carlos es parte de una de las muchas familias que viven de la producción de cacao; un producto que están tratando de no dejar morir porque, después de haber sido la estrella de la producción agrícola hace algunas décadas, fue desplazado por el cultivo de la caña de azúcar, que lo relegó a lo que se limita a ser ahora: una fuente básica de subsistencia a la que deben complementar trabajando como jornaleros o con la siembra de algunos productos adicionales como aguacate, plátano, yuca y algunos frutales.

Como líder de una de las organizaciones cacaoteras de la región, conoce como el que más del proceso de producción en finca; sabe cuáles son los mejores tipos de cacao, cuáles ofrecen las mayores ventajas y cuáles son los problemas a que se enfrentan los productores. Por eso desde su organización está pensando qué hacer, con quién hablar para que se les brinde el apoyo con que deberían contar, pues también tiene claro que el cacao es una especie de diamante en bruto al que no se le ha puesto suficiente cuidado y en el que puede estar al menos parte de la solución a los problemas del departamento.

Habría que averiguar cómo se comporta el mercado de papel higiénico durante los días en que se incrementan las acciones de combate en la zona;

Como es un campesino bien informado, sabe de la crisis por la que está atravesando el cacao en el mundo y de la oportunidad que representa para los productores en Colombia.

‒Mire don Orlando, por la crisis del cacao que usted sabe que hay en África, el precio este año se ha multiplicado más de tres veces. Nos habríamos podido hacer la navidad, pero también sabe que no tenemos suficiente capacidad para responder a los pedidos, pues la producción de nuestras fincas es muy baja. Además, los intermediarios nos tienen jodidos; ellos tienen para pagarle al productor en efectivo, tienen carros propios para ir hasta las fincas a recoger el producto… Por si fuera poco, son los que nos fijan los precios.

‒Sí, don Carlos, conozco muy bien la situación. Pero, volviendo a sus efectos estomacales, ¿toma algún medicamento para la diarrea? Le pregunto porque eso sí que me despertó curiosidad.

‒No, yo ya sé que apenas llegue la calma, el estómago también se tranquiliza. Es cosa de esperar; pueden ser unas horas o a veces días, pero no hay más que hacerle, algo se le debe aflojar a uno cuando el miedo lo sacude. Mejor dicho, para mí, la solución a las consecuencias de esta guerra está en contar con una buena dosis de papel higiénico.

El cultivo de hoja de coca, la minería ilegal, la disputa del control del territorio por parte de los grupos armados ilegales o su confrontación también con las tropas del ejército nacional, que en estos días han estado muy activas, se vuelven insignificantes frente al mal de estómago, que es la manera como uno de los tantos campesinos que a diario viven esta situación somatizan sus consecuencias.

Bueno, aunque eso le podría ocurrir a más de uno; habría que averiguar cómo se comporta el mercado de papel higiénico durante los días en que se incrementan las acciones de combate en la zona; una encuesta rápida en las tiendas o supermercados podría ayudarnos a tener la información; pues, así como don Carlos cuenta, habrá muchos que, pese a que puedan padecer las mismas flojeras, por puro pudor no se atrevan a hacerlo. No debe ser fácil eso de ponerse a contar que no es solo un dicho eso de que uno es capaz de cagarse del susto.

Lo que pasa es que don Carlos es un señor valiente, sin pelos en la lengua, quiere a su gente y piensa que se merecen una mejor calidad de vida. Sabe, está convencido, de que en el cultivo de cacao hay una gran oportunidad.

‒Necesitamos que haya Estado ‒dice‒, que la gente de la cooperación internacional deje de diagnosticarnos tanto; que le pongan remedio a esta guerra porque, si no, en algún momento todos vamos a terminar cagados y ya no habrá papel higiénico que alcance.


*Orlando Ortiz Medina

Economista-Magister en estudios políticos 

**El nombre original se cambió para proteger la identidad del personaje.


sábado, 19 de octubre de 2024

COP 16

 Orlando Ortiz Medina*


Nada de lo que se proponga puede hacerse fuera del marco de interdependencia y del conjunto de eventos que, en uno u otro sentido, se presentan en un mundo cuyos impactos irradian cada vez más y cuyas marcas de frontera son cada vez más tenues.



Imágen oficial del evento
Entre el 21 de octubre y el 1° de noviembre de 2024, se realizará en Cali, Colombia, la Conferencia de las partes del Convenio de Diversidad Biológica -COP 16-. En el evento se espera la presencia de alrededor de dieciocho mil personas de 196 países, entre jefes o representantes de Estado o de gobierno, organizaciones de la sociedad civil, académicos, empresa privada y organismos de la cooperación internacional.    
                                                                   
Esta reunión, la más importante sobre el tema a nivel mundial, se realiza cada dos años y tiene como fin evaluar y proponer estrategias dirigidas a garantizar la conservación de la diversidad biológica, el uso sostenible de los recursos naturales y la participación justa y equitativa de los beneficios que resulten de la utilización de los recursos genéticos.

La COP 16 es parte de un proceso iniciado a principios de la década de los noventa cuando se celebró la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro (Brasil, 1992), de la que se derivaron, además del Convenio sobre Diversidad Biológica, el Convenio de Cambio Climático y el Convenio sobre la Ordenación, Conservación y Desarrollo Sostenible de los Bosques. Con distinta periodicidad, y en diferentes lugares, estos convenios dan lugar a la celebración de las COP, cuyos temas son cada vez más convergentes. 

De la sesión que se realizará en Cali se espera, por un lado, revisar los avances en el cumplimiento de metas establecidas en sesiones anteriores, especialmente las que se propusieron en la COP 15, más conocida como Marco mundial Kunming-Montreal de la Diversidad Biológica y, por otro, asegurar el compromiso de los Estados para contar con los recursos financieros que permitan que el alcance de tales metas pueda llegar a feliz término. Esta vez tendrá también relevancia la discusión sobre el reparto equitativo de los beneficios de los recursos genéticos, con base en el acuerdo establecido en el Protocolo de Nagoya, complementario al Convenio de Diversidad Biológica -CDB-, que entró en vigencia en octubre de 2024.

Una sola razón 

Los problemas a que nos enfrentamos con el cambio climático, la deforestación y las afectaciones sobre la biodiversidad no son más que tres manifestaciones distintas de una sola razón verdadera: esa lógica, propia de la cultura occidental, que elevó a la especie humana como instancia superior y dueña absoluta de la naturaleza, a la que terminó convirtiendo en un recurso dispuesto a su arbitrio y su ímpetu depredador, que hoy pone en riesgo, además de la suya, todas las formas de vida en el planeta.

Las formas de explotación y uso del suelo, la utilización de los bosques, el tratamiento dado a la fauna y flora, así como a los recursos hídricos, se asumieron sin responsabilidad con el presente ni perspectiva de futuro, como si se estuviera navegando sobre fuentes inagotables de riqueza, circunscritas además en lógicas puras de crecimiento económico, industrialización y acumulación desmedida de bienes, en paralelo con la promoción de una cultura de exacerbado consumismo, de la que se ha hecho presa a los ciudadanos.  

Es de esa avidez que se derivan fenómenos como las sequías, los incendios forestales, la contaminación y el agotamiento de fuentes hídricas, páramos y zonas cenagosas, con todo el impacto que generan en la supresión, producción y reproducción de especies animales y vegetales, integradas a su vez a las posibilidades de preservación de la especie humana. 

 Aunque son los que menos tienen, son los países desarrollados los que más sacan provecho de la diversidad biológica.

Son resultados igualmente asociados al hecho de estar atados a un sistema de producción altamente dependiente del uso de combustible fósiles, alrededor de los cuales se mueven poderosos intereses económicos, políticos y geoestratégicos, que concitan la participación de las principales potencias mundiales y son a su vez el espejo en que se miran las caras no menos codiciosas de las grandes empresas multinacionales.

Así, en todo esto juega como telón de fondo el conjunto de asimetrías que caracterizan la transformación de las economías y el sistema de acumulación capitalista mundial, en consonancia con el desarrollo desigual de los países. En efecto, aunque son los que menos tienen, son los países desarrollados los que más sacan provecho de la diversidad biológica. 

Es en ellos donde tienen asiento las más grandes empresas farmacéuticas, las productoras de agroquímicos, las principales proveedoras de electrodomésticos y de productos alimenticios, cosmetológicos, etc., que hace que sean también los mayores consumidores de hidrocarburos, así como de otra enorme cantidad de materias primas provenientes de los países en desarrollo, solo que a través de unos sistemas de mercado que no son propiamente los más justos y equitativos.

Son, en consecuencia, los que producen más cantidad de sustancias contaminantes y generan efectos más devastadores para el cambio climático, la deforestación y la afectación a la biodiversidad; son también los que mayor apropiación hacen de las variedades genéticas, acudiendo muchas veces al uso de transgénicos para su modificación, con efectos generalmente nocivos para la salud de cualquiera de las especies vivas. 

En cambio, los países en desarrollo viven la paradoja de que, aunque poseen una mayor y más rica diversidad natural, así como cultural, son al mismo tiempo los más vulnerables tanto a los efectos del cambio climático como a la degradación de la biodiversidad. Esta última terminó siendo, además, un botín a disposición de los países desarrollados, gracias a la posición privilegiada que ocupan en el mapa de poder de la economía y la geopolítica mundial. 

Sus economías son más débiles, tienen estructuras menos robustas para llevar a cabo procesos de investigación e innovación en ciencia y tecnología, acusan niveles superiores de pobreza, desmesurados niveles de endeudamiento y menor capacidad financiera para afrontar sus compromisos, tanto en su interior como frente a otros países y organismos internacionales. Estos últimos los han presionado para asumir directrices que han afectado su capacidad y matriz productiva, en desmedro sobre todo de su producción agrícola y manufacturera.

Los países en desarrollo viven la paradoja de que, aunque poseen una mayor y más rica diversidad natural, así como cultural, son al mismo tiempo los más vulnerables tanto a los efectos del cambio climático como a la degradación de la biodiversidad

Asimismo, el predominio del monocultivo o la especialización en la explotación, especialmente de hidrocarburos, ha minado las posibilidades de diversificar su canasta exportadora y de mercado interno, así como el mantenimiento de una fuente más variada de productos para garantizar su soberanía y seguridad alimentaria.  

Es claro que el cambio climático, la deforestación y la pérdida de biodiversidad no solo aumentan las brechas de desigualdad y agudizan las inequidades entre y al interior de los países, sino que se han convertido también en una fuente de violación de los derechos: los que directamente se ven afectados por las consecuencias en la naturaleza, como el derecho a la seguridad alimentaria, a un ambiente sano, a la permanencia en un territorio o a migrar cuando se quiera, por ejemplo. Asimismo, los que se causan sobre aquellos que se han levantado contra las políticas y los responsables de quienes los violan o vulneran. No fortuitamente, en 2023, el 85% del total de los crímenes cometidos contra defensores ambientales en el mundo ocurrieron en América latina. El 40%, un récord más que se nos suma, ocurrió en Colombia.

A esto se agrega la pérdida de conocimientos, valores y saberes ancestrales que, de manera también violenta, han sido sofocados bajo un supuesto hálito progresista y modernizante que se ha sobrepuesto especialmente sobre comunidades y territorios indígenas y afrodescendientes.

Una refundación cultural

Visto así el panorama, lo esperado de la COP 16es saber si se logra que los Estados asuman que se trata es de revertir la escala de valores y el juego de intereses que han orientado los sistemas de producción, distribución, consumo y acumulación. En otras palabras, arrogar que, más que el valor de cambio, es el valor de uso lo que debe primar en relación con las formas de integración entre la especie humana y las demás especies de la naturaleza.

En el fondo, lo que se requiere es una gran transformación cultural, la superposición de un nuevo núcleo de comprensiones y relaciones, de nuevas formas de organización social, política e institucional, que lleven a que en el universo de la producción y el consumo la prioridad sea la preservación y el cuidado de la vida, y a que el llamado progreso no siga siendo más que otra forma de autodestrucción y de uso al descuido de los recursos de la naturaleza en el presente, para la agonía anticipada de las generaciones del futuro. 

Es claro, en particular cuando se trata de los países desarrollados, que el asunto no es la falta de recursos. Siguen disponiendo de enormes subsidios al uso de combustible fósiles, mucho más de los que destinan a la protección del medio ambiente, cuando no para los ahora llamados negocios verdes, que no son más que el disimulo de lo que realmente corresponde a un proceso de mercantilización de las posibles soluciones; la oportunidad de pagar por seguir haciendo daño, sin alterar la matriz y función de producción, en donde se encuentran las verdaderas raíces del problema.  

Guerras, desastres naturales y antrópicos, hambrunas, crecientes olas migratorias y mucho más, son la síntesis de un modelo de civilización que fenece y reclama a su vez el surgimiento de un orden nuevo

Los países desarrollados no tienen mayores limitaciones para establecer subvenciones y otros mecanismos de financiamiento; por el contrario, les es posible crear impuestos adicionales a quienes concentran mayor riqueza y disponer de ellos para promover la transición hacia el uso de energías alternativas, así como para poner en curso iniciativas dirigidas a mitigar los impactos ya causados y evitar el camino hacia una situación de no retorno.  

Se da por sentado que nada de lo que se proponga puede hacerse fuera del marco de interdependencia y del conjunto de eventos que, en uno u otro sentido, se presentan en un mundo cuyos impactos irradian cada vez más y cuyas marcas de frontera son cada vez más tenues. Guerras, desastres naturales y antrópicos, hambrunas, crecientes olas migratorias y mucho más, son la síntesis de un modelo de civilización que fenece y reclama a su vez el surgimiento de un orden nuevo, algo nada fácil de alcanzar en un escenario en muchos casos gobernado por orates que se recrean al ritmo de su desbocada carrera armamentista y están empeñados, pese a lo evidente, en negar el deterioro y la amenaza que se cierne.

En buena hora, en Cali se verá representado el país que somos, pues es una ciudad que sintetiza la riqueza y diversidad ecosistémica, biológica y cultural que el país alberga en toda su geografía; allí se encuentran grupos étnicos, formas, estilos de vida y procedencias, que seguramente se pondrán en diálogo con la nutrida delegación internacional que nos visitará durante estos días de encuentro.  

Bienvenida esta nueva versión de la COP a esta Colombia multiversa, de gozos y dolores, la que desde el canto rebelde de los (as) jóvenes no pierde su pujanza y tiene esta vez la enorme y orgullosa posibilidad de ser ante el mundo la vocera de todos los (as) que, sin dejar de bailar entre la angustia, anhelan una segunda oportunidad para la tierra.  

*Economista-Magister en estudios políticos 

viernes, 13 de septiembre de 2024

El estallido gremial


Orlando Ortiz Medina*


Como la pobre viejecita del famoso cuento de Rafael Pombo, los camioneros paralizaron el país porque, según ellos, se están quedando “sin nadita que comer” 


Durante cuatro días el país fue paralizado por uno de los gremios económicos más importantes y con mayor poder de daño e intimidación en Colombia, el de los transportadores de carga. Fue esa su respuesta al incremento en el precio del ACPM, cuya cifra se había mantenido congelada desde hace casi cinco años. 

Durante ese tiempo, el resto de los colombianos hemos tenido que asumir el alza del precio de la gasolina, los alimentos, los arriendos, la ropa, el calzado, los costos de acceso a la salud, la educación, la recreación y en general de todo el paquete de bienes y servicios que componen nuestra canasta básica de consumo, cada día más básica. 

En otras palabras, los grandes propietarios del transporte de carga han venido gozando de un enorme privilegio frente al resto de los colombianos que, aparte de haber sido afectados con las alzas ya referidas, hemos debido asumir el costo que para las finanzas de la nación implica que el precio del ACPM no haya sido tocado desde enero de 2020. Pero, aun así, como la pobre viejecita del famoso cuento de Rafael Pombo, los camioneros paralizaron el país porque, según ellos, se están quedando “sin nadita que comer”. 

Para entender el problema hay que ponerlo en contexto, pues es el resultado de un conjunto de factores que ha llevado a una situación desde todo punto de vista insostenible, que en cualquier momento tenía que develarse. Aquí lo que está en juego son decisiones técnicamente equivocadas, posiciones económicas dominantes, así como jugadas e intereses políticos. 

Terminamos entonces pagando la gasolina y el ACPM nacional como si hubieran sido obtenidos con petróleo importado, aunque su producción con petróleo extraído de nuestro propio subsuelo haya tenido un costo significativamente más bajo

Una metodología de cálculo de precio antitécnica e insostenible

El Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles -FEPC-, que es el que está en el centro del asunto, fue creado y adscrito al Ministerio de Hacienda en 2007, con el propósito de poner en armonía los precios nacionales con los internacionales, en este caso específicamente con el precio del petróleo, que es el insumo de cuya refinación se extrae la gasolina o el ACPM. Es justo en ese propósito en donde se presenta el primer escollo técnico, pues, en vez de tener como referencia los costos de producción interna, como en principio y en sana lógica corresponde para la fijación del precio, a este se le dejó atado a la variación del precio internacional. De manera que, cuando el precio internacional sube, automáticamente y en la misma proporción sube también el precio interno, independiente de lo que internamente ocurra con los costos. 

Terminamos entonces pagando la gasolina y el ACPM nacional como si hubieran sido obtenidos con petróleo importado, aunque su producción con petróleo extraído de nuestro propio subsuelo haya tenido un costo significativamente más bajo. De acuerdo con el exministro Luis Fernando Velasco, un barril de petróleo cuyo costo de producción está hoy entre USD 26 y USD 28, lo hemos pagado este año a un promedio de USD 80. 

Pues bien, en la medida en que lo que ha ocurrido es que el precio interno se ha quedado rezagado respecto al precio internacional, se ha generado un enorme desbalance en el FEPC, que ha tenido que ser cubierto con plata del erario, es decir, con los impuestos que todos le pagamos al fisco, en tanto a los transportadores no se les exigió ningún tipo de pago o cuota de compensación; por el contrario, como ya se anotó, el presidente Iván Duque decidió congelarles el precio.

Ese es el segundo escollo técnico, pues no es posible mantener un fondo para cubrir situaciones de déficit sin una fuente de recursos que lo alimente. Hay que anotar que, en el caso de la gasolina, esta situación sí se ha corregido porque, de manera escalonada, el precio por galón ha venido subiendo. El porqué no en el caso del ACPM nos lo explican los cuatro días de parálisis a la que los dueños del transporte sometieron al país.   

Después del paro al país le quedó claro que el descongelamiento del precio de los combustibles es un imperativo, por el efecto que sigue causando sobre las finanzas de la nación y porque se dejan de atender necesidades prioritarias de otros sectores y poblaciones. 

El FEPC cerró en 2023 con un déficit de alrededor de treinta y ocho billones de pesos que le quedó como una papa caliente al nuevo Gobierno, el cual de manera responsable ha estado haciendo todo lo posible por saldarlo y evitar que el país se conduzca hacia una situación todavía más crítica, aun asumiendo el costo económico y político que ello le significa. Su posición desde un comienzo ha sido clara al considerar que lo que hay hasta ahora establecido es manifiestamente antitécnico e insostenible, además de ser un subsidio injustamente asignado a quienes ni lo necesitan ni lo merecen, e injustamente cargado al bolsillo de quienes ni lo deben ni tienen por qué pagarlo. 

Por demás, hay que entender lo difícil que resulta que los precios internos estén atados a los vaivenes de una economía internacional sacudida por guerras y conflictos regionales, crecientes flujos migratorios, fuertemente afectada por el cambio climático, inestabilidad política y que no supera todavía los impactos de la pandemia.

El cierre de vías, el bloqueo de las entradas a las principales ciudades y todo lo que ello significa en materia de movilidad, parálisis de la producción y abastecimiento de productos, tuvo claramente la intención de poner al Gobierno contra la pared y bloquear y deslegitimar su agenda programática.

Cálculos políticos

Teniendo en cuenta que las medidas que ha querido implementar el actual Gobierno tocan los intereses de los grandes empresarios, hay que inferir que detrás del paro se mueven, por supuesto, los intereses, el oportunismo y el cálculo político. 

Cuando Duque decidió congelar el precio de los combustibles, lo hizo a sabiendas de que subirlo le iba a costar mucho por la baja popularidad que en el momento le afectaba -estando además en plena época de pandemia- y por los cálculos electorales frente a la próxima campaña presidencial, que ya empezaba a calentar motores. Fue una medida populista y terriblemente irresponsable. Calculó en votos lo que el alza le podría significar para la continuidad de su partido en el poder, no solo por el impacto que en su momento iba a tener sobre la mayoría de los sectores sociales, sino porque le implicaba la pérdida de apoyo de los grandes transportadores, con quienes siempre ha compartido intereses y afinidad política. 

Pero el paro es también parte de ese afán desestabilizador que desde la derecha y la extrema derecha se ha venido agitando con el propósito de que las políticas de este Gobierno sean conducidas al fracaso. Con un apoyo mediático sin precedentes, acudiendo a las falsas noticias, la manipulación y la desinformación, los partidos de oposición, incluidas sus representaciones en el Congreso, se han alineado en una campaña sistemática de bloqueo y desprestigio de sus propuestas. La movilización convocada por los transportadores estaba en línea con ese objetivo. El cierre de vías, el bloqueo de las entradas a las principales ciudades y todo lo que ello significa en materia de movilidad, parálisis de la producción y abastecimiento de productos, tuvo claramente la intención de poner al Gobierno contra la pared y bloquear y deslegitimar su agenda programática.

Hubo, hay que reconocerlo, un manejo adecuado de la protesta, se mostró que es posible el camino del diálogo y la concertación en el marco del respeto a las instituciones, al derecho a la movilización y al cumplimiento de las reglas democrática

Con todo, no se puede afirmar que los cálculos les hayan salido bien. Primero, porque después del paro al país le quedó claro que el descongelamiento del precio de los combustibles es un imperativo, por el efecto que sigue causando sobre las finanzas de la nación y porque se dejan de atender necesidades prioritarias de otros sectores y poblaciones. Segundo, porque dejó al desnudo una serie de anomalías relacionadas con el abuso que se comete con los pequeños propietarios y con los pagos injustos y el desconocimiento de los derechos laborales de quienes contratan como conductores.  

Hubo, hay que reconocerlo, un manejo adecuado de la protesta, se mostró que es posible el camino del diálogo y la concertación en el marco del respeto a las instituciones, al derecho a la movilización y al cumplimiento de las reglas democráticas; esta fue una de las mejores lecciones que dejó frente al paro la actitud del Gobierno. 

Lo que se vivió en esos cuatro días no fue para nada, como algunos han querido hacer ver, un nuevo estallido social; fue más bien un estallido gremial; la manifestación de un sector que quiere sobreponer sus intereses particulares por encima de los de una sociedad que no quiere seguir siendo excluida, y los de un Gobierno que busca orientar sus políticas por una senda sostenida de crecimiento, al tiempo que avanzar hacia un sistema de financiación y asignación de recursos en los que se llegue con prioridad a los sectores que en las escalas económica y social presentan mayores desventajas.

Los cambios se necesitan 

Lo cierto por ahora es que el problema se mantiene y que la afectación a las finanzas del Estado se va a seguir produciendo. El incremento logrado de ochocientos pesos, diferido a dos cuotas de aquí al mes de diciembre, no cubre las necesidades de financiación y el FEPC va a seguir con el déficit que compromete la estabilidad económica del país para los próximos años, en un escenario que se avizora complicado para el 2025 y con un Congreso, como ya se dijo, en su mayoría dispuesto a interponerse en la gestión del Gobierno. 

Además, el paro llamó la atención sobre otros aspectos de la movilización de carga en Colombia. Por ejemplo, el de su necesaria diversificación; en lo que ha estado empeñado este Gobierno, mediante la recuperación del sistema fluvial y sobre todo férreo. Ha quedado en evidencia que la falta de una red multimodal facilita el establecimiento de posiciones dominantes, como la que actualmente tienen los dueños del transporte por carretera, que controlan el 90% del total de la que se moviliza en el país.

Asimismo, se reafirma que hay que avanzar hacia un sistema de transporte movido con energías limpias y que disminuya la dependencia de los hidrocarburos, cuyo peso en los costos del transporte no solo va a ser cada vez mayor, sino que mantenerlos subsidiados contradice las propuestas que en materia de transición energética ha venido proyectando el actual Gobierno. 

Hay otros temas, como que el trazado y el estado de las vías hacen que el país sea poco competitivo en materia de movilidad desde y hacia los puertos embarque; tanto las distancias como lo tiempos son superiores a los de otros países, algo que tiene que ser revisado, al igual que la renovación y actualización tecnológica de la flota de vehículos.

En conclusión, aunque con la disposición al diálogo y la concertación, el Presidente debe mantenerse firme en su intención de lograr, no solo el equilibrio y la estabilidad de las cuentas de la nación, sino que los sistemas de financiación y asignación de los recursos no sigan concentrados en los sectores que económica, social y políticamente han logrado una mayor acumulación de poder. Son esos, además, los imperativos para lograr el cambio al que la mayoría de los electores le apostaron con esta nueva marca de gobierno, y para que la construcción de la paz y el fortalecimiento de la democracia sean posibles en Colombia.


*Economista-Magister en estudios políticos

lunes, 19 de agosto de 2024

Dos años de Petro ¿para dónde vamos?


Orlando Ortiz Medina*


Lo que vive hoy Colombia es un quiebre histórico cuyas realizaciones y consolidación demandan todavía un largo tiempo para encontrar el rumbo que logre sobreponerse a un modelo que es económica, social, ambiental y políticamente insostenible.  


Viene el cambio

El 7 de agosto de 2022 se protocolizó por primera vez el arribo de un presidente de izquierda en Colombia. La llegada a la Presidencia de la República de alguien venido de la otra orilla del establecimiento fue un hecho supremamente destacado, frente a un régimen que durante más de doscientos años había estado en cabeza de lo más encumbrado de los sectores sociales y las élites económicas. 

El triunfo de Gustavo Petro debe entenderse como el culmen de un proceso acumulativo de factores que en los últimos años ha dado lugar a cambios significativos en el acontecer y la cultura política colombiana. Si bien ha sido un proceso lento, con toda serie de ires y venires, el final de la primera y el comienzo de esta segunda década del milenio ha marcado un parteaguas que, con mucho todavía por hacer, parece poner al país en una senda definitiva de transformaciones. 

Empecemos por decir que el acuerdo que llevó a la desmovilización de las FARC, con todas sus falencias y las trabas que desde los sectores afectos al viejo orden se han erguido para que no pueda llevarse a cabo, fue un hito importante para la comprensión y el ejercicio de la política en Colombia; pues no solo se le devolvió a ésta el sentido y la razón de ser, sino que dio lugar a que se recuperaran para la agenda del debate público puntos claves que la confrontación sostenida durante muchos años en torno a la búsqueda negociada de la paz o la continuación de la guerra había eclipsado.

El estallido social de 2021 fue un asomo de lo que políticamente se iba a expresar en el más próximo escenario político, que fueron justamente las elecciones de 2022

La lucha contra el hambre y la pobreza, la inequidad, la cobertura universal en el acceso a la salud y la educación, la posibilidad de una jubilación digna para un mayor número de ciudadanos y la garantía de derechos laborales para los trabajadores, así como la reorientación del actual modelo de desarrollo por sus impactos negativos en el medio ambiente y la exclusión de amplios sectores de la población ocupan hoy un lugar preponderante en la opinión pública colombiana.

A lo anterior se suma el hecho de que nuevos sectores de población logran abrirse espacio para la participación política y que hay una reconfiguración de las formas de representación, nutridas en parte de la crisis que agobia a las tradicionales formaciones partidistas, cuyo respaldo se fue minando en medio de su conversión en lánguidas estructuras burocráticas, permeadas por la corrupción, por el agotamiento de sus prácticas políticas y por la mayor conciencia y consenso ciudadano ante lo poco y nada que históricamente han representado sus intereses. 

Especialmente desde el segundo semestre de 2019, empieza a manifestarse el acumulado de un movimiento social que, con un contenido diverso de sectores y reivindicaciones, se toma las calles y cuya mayor expresión es el estallido social de 2021. Este fue una voz de alarma en un momento en que la población se resentía no solo de las inadecuadas y torpes políticas del gobierno de entonces, sino de los efectos que a nivel mundial venía causando la pandemia del covid-19. Fue también un asomo de lo que políticamente se iba a expresar en el más próximo escenario político, que fueron justamente las elecciones de 2022; un proceso en el que toma curso la politización de las demandas de una ciudadanía que se pone en escena y que una confluencia de partidos de izquierda, en buena hora, logra capitalizar para llevar a la presidencia y vicepresidencia a Gustavo Petro y a Francia Márquez, en lo que sin duda es el punto de inflexión más importante en la historia reciente de Colombia.

Una agenda ambiciosa con muchas barreras

Petro hace su campaña con una agenda que toca los puntos más sensibles de esa parte de la sociedad convencida de la necesidad del relevo de una clase política a la que ve como responsable de la situación en que se encuentra. Una agenda que, además, busca estar en sintonía con las demandas que la comunidad internacional reclama, en especial frente a la urgencia de dar respuesta a los desafíos del cambio climático y el avance hacia un sistema de producción basado en el uso de tecnologías limpias y menos dependiente de la explotación y uso de combustibles fósiles. Propone también un nuevo tipo de diplomacia, menos genuflexa de la que en el país venimos acostumbrados y que aboga sobre todo por la reorientación de la política de lucha contra las drogas y por un posicionamiento diferente de Colombia en el propósito de encontrar salidas negociadas a los conflictos regionales y las confrontaciones bélicas, poniendo en el centro la autonomía de las naciones y el respeto a los derechos humanos.  

Es un conjunto de apuestas sin duda ambiciosas y con muchas exigencias para que puedan ser llevadas a cabo en tiempo tan corto y en un escenario claramente adverso a sus fundamentos políticos y programáticos. El triunfo de una nueva fuerza política era impensable para unas élites acostumbradas a estar sin tropiezos en las estructuras de poder y negadas recurrentemente a hacer los cambios que el país requiere para salirle al paso a sus problemas más apremiantes y estructurales. Petro y Francia son algo así como una especie de intrusos que lograron atravesarse en el largo ciclo de dominación que hasta ahora han mantenido los sectores hegemónicos, que ven en ellos a alguien que puede poner en riesgo su estabilidad y la del establecimiento.

Con una institucionalidad y un Congreso mayoritariamente controlado por sus adversarios políticos, además de los poderes de facto de quienes tienen todo a su haber para bloquear sus reformas, era de esperar que el nuevo Gobierno se iba a encontrar con serias talanqueras para avanzar en sus propuestas al ritmo que los sectores que lo eligieron, y él mismo, quisieran haber tenido. Apoyados por una fuerte presión mediática, parlamentarios de la oposición, instituciones y gremios económicos han sido una camisa de fuerza que le impide moverse o hace por lo menos más lenta la implementación de su agenda de cambio. Reformas como la de la salud o la laboral, por ejemplo, tocan beneficios de grupos económicos con amplio influjo en el corpus y la débil conciencia de algunas representaciones políticas, lo que obviamente iba a hacer muy difícil su aprobación.  

Miedos infundados

Distinto a lo que vaticinaban, y en lo que siguen insistiendo sus contradictores, Petro no llega como el portavoz de una agenda antisistema, dirigida a acabar con el modelo económico y con quienes intentaron sembrar el pánico durante la campaña. No hay tal del supuesto espíritu expropiador ni del que se iba a pasar por encima de las leyes y las normas constitucionales; por el contrario, en sus propuestas no hay nada que se aparte ni vaya más allá de lo que reclama un Estado social de derecho, que al final lo que va a lograr es fortalecer el andamiaje del statu quo, que tanto preocupa a sus detractores.

En materia de defensa de las instituciones Petro ha sido más papista que el Papa, ha respetado la propiedad y la iniciativa privada, ha sometido sus propuestas al Congreso de la República y ha acatado las disposiciones de organismos como la Corte Constitucional, pese a que algunas de sus decisiones han afectado sus propuestas, especialmente en materia económica.

La oposición ha gozado de todas las garantías y no ha tenido la fuerza pública en las calles asesinando o sacándole los ojos a sus manifestantes, como ocurrió en el Gobierno de Iván Duque y durante prácticamente todos los gobiernos anteriores, en los que se estigmatizó y se criminalizó la protesta social. Ha estado además entre las tenazas de unos organismos de control que actúan como voceros de la oposición, tal cual la Fiscalía del malhadado señor Barbosa, ya ido para fortuna de la justicia, y de una Procuraduría y una Contraloría no menos adversas y que no honran las funciones a las que les corresponde ceñirse.  

Un desempeño económico satisfactorio

Si hay algo que destacar contra toda evidencia y que, mientras cierra la boca a quienes actuaron como aves de mal agüero y despierta críticas de algunos de quienes lo eligieron, es que, en materia de política económica, el Gobierno de Petro se ha mantenido fiel a los cánones del modelo neoliberal. El enfoque monetarista -que está en su base-, orientado desde del Banco de la República, y que ha adoptado una política contraccionista mediante la elevación inusitada de las tasas de interés, ha sido fielmente acatado por su ministro de Hacienda. Se han asumido también con juicio las restricciones que establece el Marco Fiscal de Mediano Plazo, con lo que ello implica en materia de gasto e inversión, cuyo recorte afecta el cumplimiento de sus metas económicas y el propósito de llegar con sus programas de justicia y equidad a un más amplio grupo de sectores sociales. 

Lo anterior se ha logrado con el sacrificio en algunos sectores, como la elevación del precio de la gasolina, a lo que se ha visto obligado para recuperar el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC), que Duque dejó con un déficit de 36 billones de pesos. Ha honrado el pago de la abultada deuda externa que, con vencimiento de corto plazo, dejó pactada también Duque. La tasa de cambio ha tenido un comportamiento estable y en general con tendencia a la baja. Para pena y furia de sus enemigos, gracias a la reforma tributaria, hoy no solo se tiene un sistema de tributación más progresivo, sino que se ha logrado avanzar hacia una mayor estabilidad y un comportamiento positivo de los principales indicadores macroeconómicos. 

La pobreza monetaria pasó de 36,6% en 2022 a 33% en 2023, lo que significa que 1.623.788 personas salieron el último año de la pobreza en Colombia. Este dato es más significativo en las zonas rurales, en donde la pobreza tuvo una reducción de 4,7 puntos, al pasar de 45,9 en 2022 a 41,2% en 2023. Ha habido tambien una reducción de la desigualdad de ingresos, ya que en 2023 el coeficiente de Gini a nivel nacional fue de 0,546, mientras en 2022 era de 0,556. La inflación pasó de 13,1% anual en diciembre de 2022 a 6,86% en julio de 2024. Los datos del segundo trimestre de este año muestran que la economía avanza por una senda positiva, al registrar un crecimiento del 2,1%, y se espera que consolide su tendencia en los próximos trimestres. Todo en un contexto mundial nada fácil, en el que todavía se sienten los efectos de la pandemia y los impactos de la guerra en Ucrania, Rusia y Oriente Medio. 

La paz esquiva  

El tema de la paz es quizá el mayor escollo para el gobierno. Pese a sus esfuerzos, la mano tendida que ha desplegado a los grupos armados y los procesos de diálogo que avanzan con algunas organizaciones armadas, los resultados son todavía inciertos. El panorama de la negociación está bastante enmarañado, debido a la diversidad y la fragmentación de los grupos armados ilegales y delincuenciales, y al peso que en el conflicto sigue teniendo el control de territorios para la apropiación de rentas ilegales, tanto por parte de estructuras que tienen su origen en los grupos insurgentes: el ELN, las disidencias de las FARC y los reincidentes de estas mismas que se reúnen en la Nueva Marquetalia, o los heredados de las organizaciones paramilitares, como el Clan del Golfo y las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, principalmente.  

Hay que decir también que no han sido muy claras la agenda ni la metodología de abordaje del proceso y que tampoco el Gobierno ha encontrado un ambiente político favorable, porque sus contradictores le apuestan todo a su fracaso en este y en otros temas. Siempre ha sido evidente que en Colombia hay sectores que se han servido de la guerra y la violencia para conquistar y mantenerse en el poder. También que, habiendo vivido en medio de reiterados ciclos de confrontación, atravesados por fracturas sociales y políticas profundas, en los que las causas, los escenarios y los actores se han renovado, difícilmente se pueden esperar cambios prontos sin tener en cuenta las inevitables fisuras y la gradualidad de los procesos.

Lo que  se necesita 

Si bien lo hasta ahora logrado por el Gobierno de Gustavo Petro no responde al total de las expectativas de sus electores, las bases de los movimientos que lo eligieron le han mantenido su apoyo. Esto denota la persistencia de esa parte del país que sabe que se requieren y es necesario empujar los cambios. Lo que lo que vive hoy Colombia es un quiebre histórico cuyas realizaciones y consolidación demandan todavía un largo tiempo para encontrar el rumbo que logre sobreponerse a un modelo ques es económica, social, ambiental y políticamente insostenible.  

Lo que está en juego es una nueva forma de vida y sociedad que ponga cortapisa a ésta en la que estamos viviendo, en donde la exclusión y la violencia han sido prohijadas moral, económica y políticamente. Los movimientos sociales, que siguen siendo el soporte de las transformaciones, deben afianzar su capacidad de convocatoria y liderazgo, no perder el norte de su agenda política y su estrategia de poder, lo que demanda afinar sus sistemas de comunicación y la manera de vincularse orgánicamente con sus bases. 

Si bien el tiempo y las circunstancias no están todas a favor, habrá que dejar sentadas las condiciones que justifiquen la permanencia de un gobierno y su propósito de consolidar un proyecto de gobernanza más justo, equitativo y democrático para Colombia.

Hay que seguir pensando en un presente y un futuro que no puede seguir anclado al pasado y a las inercias que arrastran unas estructuras y dirigencias que quieren mantenerse en un país que se ha negado a la paz y a la posibilidad de realización de la vida.  


*Economista-Magister en estudios políticos