¿Será que, esta vez sí, el ELN se ha convencido de que la lucha armada hace mucho perdió su razón de ser, si es que alguna vez la tuvo, y que el país de hoy no es el mismo de 1964 cuando ellos iniciaron su gesta revolucionaria, que hoy no es gesta ni tampoco revolucionaria?
Orlando Ortiz Medina*
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| Foto: Canal 1 |
Luego de más de sesenta años y ya no sabemos cuántos procesos de diálogo iniciados, la frustración y una nueva escalada de la guerra han sido el resultado.
¿Será que, esta vez sí, el ELN se ha convencido de que la lucha armada hace mucho perdió su razón de ser, si es que alguna vez la tuvo, y que el país de hoy no es el mismo de 1964 cuando ellos iniciaron su gesta revolucionaria, que hoy no es gesta ni tampoco revolucionaria?
Si no es así, se equivoca si cree que alguien le va a comprar su propuesta de Acuerdo Nacional, mientras se siga soportando sobre las acciones de violencia y bajo la tutela de las armas. Más aún, si continúa mostrándose como el protagonista de una guerra degradada, y lejos muy lejos de representar las demandas y necesidades de una ciudadanía que rechaza sus actuaciones y le exige el abandono de sus territorios, a los que sigue condenando al dolor y la violencia.
Peca de iluso si cree que cuenta con la autoridad y legitimidad que lo respalde para erigirse como convocante de una propuesta en la que, una y otra vez, no ha hecho más que sumar frustraciones que impiden otorgarle una visa de credibilidad de parte de la ciudadanía, las autoridades y todo el país político.
Mucha agua ha pasado por debajo del puente después de más de seis décadas de una revolución que no ha sido, de una guerra que se hizo estéril y de una historia que lo devoró a sí mismo y terminó llevándolo a una deriva tan reaccionaria y conservadora como aquella a la que en la otra orilla ideológica se propuso combatir.
Al ELN no le ha pasado el tiempo, se quedó anclado en la Colombia de los años sesenta y setenta, en la impronta del Frente Nacional y el Estado de Sitio, que acaso justificó su presencia y la de otras organizaciones insurgentes, la mayoría de las cuales dieron ya el paso hacia nuevas comprensiones y maneras de entender la lucha revolucionaria y la búsqueda de las transformaciones sociales.
Le ha faltado entereza y capacidad de raciocinio para entender que no hay revolución posible si no como parte de un proceso de transformaciones culturales, emergencia de nuevos protagonismos y resignificación de prácticas políticas capaces de alterar las bases materiales y simbólicas del poder, única manera de dar lugar a nuevos modelos de sociedad.
Ha sido incapaz de leer el momento histórico y las dinámicas de un gobierno que, por primera vez en el curso de nuestra historia, ha validado su programa y soportado su legitimidad en sectores que jamás habían tenido la oportunidad de interlocución con aquel a quien eligieron y quien, como tampoco hasta ahora había pasado, sabe que se les debe y representa.
No advierte sus yerros que lo ubican más cerca de una derecha con la que se junta en su ceguera, una y otro tan torpes y tan lejos de estar en sintonía con los nuevos tiempos y las nuevas agendas que se demandan frente al nuevo acontecer político nacional e internacional. Una derecha que de su parte se siente servida a manteles y de la que se ha convertido en su gran aliado, cuando alimenta su política de guerra y su manoseado discurso de la seguridad.
¿No es acaso la participación de la ciudadanía, la profundización de la democracia, la erradicación de la pobreza, la lucha contra la desigualdad, la defensa de la soberanía, etc., puntos que propone como base de su nuevo llamado al Acuerdo Nacional, lo que ha venido impulsando el presidente Gustavo Petro, a quien ha dado la espalda y se ha negado a acoger su voluntad y disposición a la consecución de la paz?
Su tozudez lo ha hecho ajeno al desarrollo de una sociedad civil que se fortalece y de la amplia estela de movimientos sociales que se han convertido en los verdaderos protagonistas de una revolución que avanza, mientras desdice de su anquilosado proyecto de insurgencia sin tropa, valor ni contenido.
Se le hizo tarde al ELN para proponerle al país un nuevo Acuerdo Nacional. Le hizo mucho daño al Gobierno con el que tuvo su mejor oportunidad de abrirse espacio, mostrarse como el verdadero representante de quienes fueron los fundadores de su proyecto revolucionario y dar el salto hacia un ejercicio civilizado de la política.
Le ganó la inercia en la que se dejó anegar por circunstancias que lo desdibujaron como un actor político y lo hicieron cultor de una imagen que, ante quienes dice representar, solo se muestra como uno más de los actores que se resisten a la posibilidad de un cambio.
Nada, en todo caso, deja de lado la necesidad de insistir en que, en la búsqueda y consolidación de la paz, el diálogo y la solución política siguen siendo el camino más indicado. Tal vez el único. De ello es que debemos seguirnos ocupando cuando de la revolución se trata.
*Economista-Magister en estudios políticos

Interesante artículo ; bien tratado . El diálogo es el camino ; la Meta la unidad nacional ( La Paz )
ResponderEliminarMuchas gracias Eros por tu comentario.
EliminarEstimado Orlando, muy bueno tu artículo sobre el salario mínimo. Rico en conceptos, en descripción empírica y en profundidad de análisis. En cambio, me parece que al artículo sobre el ELN le faltaron un poco esos tres ingredientes que hubieran favorecido el análisis y una visión enriquecida por matices antropológicos, sociológicos, políticos. Sugiero a tus lectores leer los libros de Carlos Medina Vallejo sobre el complejo fenómeno social y político que implica la existencia de esa organización armada.
ResponderEliminarTe comparto el comentario de un amigo al que le compartí el texto sobre el salario mínimo: "Muy bueno. Un fiel recuento de lo bueno que ha sucedido. Veremos a la Constitucional frente a un tema de los muchos que se escriben para no darles jamás efectividad. El hecho de que el comportamiento de la economía se haya apartado de lo esperado por el modelo capitalista salvaje, invita a no tener confianza en sus viejos operadores y rentistas amparados en los programas de los gobiernos pero rindiéndole la cerviz al capital financiero internacional. La intención de provocar un caos fiscal no es descartable, aunque no saldrían indemnes. Bienvenida la inversión externa para energías renovables y similares. Es posible que el dólar bajo mueva la inversión de las empresas y estas y la oferta agrícola absorban buena parte de la demanda agregada -que será grande y de poco ahorro- que impida la inflación y frene el proceso de empleo formal. A las que no les veo salida es a las pequeñas empresas fuera de mantener los empleos con pagos por debajo de la ley, como ha sucedido en el pasado. Ojalá logren ayudas de algún tipo. Necesitamos suerte, y Petro la tiene. De todas maneras, gran artículo".
ResponderEliminar* Aclaración: Carlos Medina Gallego, no Carlos Medina Vallejo
ResponderEliminarInteresante artículo Orlando, me llama la atención cual será la posición del próximo gobierno, que estoy seguro será el progresista, frente a la situación del ELN, esperemos en los próximos meses estos, no incurran en acciones que comprometan el capital político ganado en el País, ahora que la tienen más clara los colombianos.
ResponderEliminarDe acuerdo Harnol, Cepeda ha dicho que el va a mantener su disposición a una salida negociada al conflicto armado. Habrá que ver cómo espera conducir ese proceso. Pero el asunto está más en la cancha del ELN.
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