martes, 20 de enero de 2026

Al fin bajó el salario de los (as) congresistas


Si algo ha dejado claro la legislatura que termina es la importancia de contar con parlamentarios que no sean de los que siempre han sido mayoría y, en consecuencia, un freno a las alternativas de cambio


Orlando Ortiz Medina*


Foto: Diario El País, Cali
En buen momento y en una acertada decisión, el Gobierno ha expedido el Decreto 0030 del 19 de enero de 2026 que, con la eliminación de la prima especial de servicios, reduce el salario de los congresistas. 

Varios intentos se habían hecho en el seno del propio Congreso para corregir lo que significa una enorme inequidad frente a otros sectores en la asignación salarial, pero, ni bobos que fueran, a través del ausentismo, el rompimiento del cuórum en el momento de las votaciones y otro conjunto de argucias, los opositores a la medida, empaquetados en las diferentes versiones de los partidos de derecha, y algunos del Verde, lograron imponerse y proteger su abultado estipendio por el loable sacrificio que hacen por el bien de la patria. 

La prima especial de servicios -el sobresueldo-, que a partir de la próxima legislatura dejarán de recibir los congresistas, fue establecida desde 2013 través del Decreto 2170, que sustituía las llamadas primas de localización, de vivienda y de salud que ya venían disfrutando los congresistas. 

En su momento inició con un valor de siete millones ochocientos noventa y ocho mil cuatrocientos cuarenta y cinco pesos ($7.898.445), reajustable anualmente en el mismo porcentaje que subiera el salario básico y considerado como componente del factor salarial para la liquidación de las primas de servicios y de navidad. A fecha de hoy ese valor asciende aproximadamente a dieciséis millones de pesos ($ 16´000.000), suma nada despreciable a la que se les hizo acreedores a los padres de la patria, con cargo al fisco nacional. 

Varios intentos se habían hecho en el seno del propio Congreso para corregir lo que significa una enorme inequidad frente a otros sectores en la asignación salarial.

La derogación del Decreto 2170 de 2013, que procede con la expedición del 0030 del 19 de enero de 2026, firmado por el ministro de Hacienda Germán Ávila Plazas, representa para el país un ahorro de cerca de cincuenta y seis mil millones de pesos anuales ($56.000´000.000).

Viene bien esa platica en el momento en que se discuten afugias fiscales y cuando buena parte del país, entre ellos un buen número de congresistas, se contorsiona por el aumento de trescientos veintisiete mil pesos ($327.000) que se ha hecho a los trabajadores que devengan el salario mínimo, más el auxilio de transporte que crece en cerca de cincuenta mil pesos ($50.000). El total devengado será de dos millones de pesos ($2´000.000), veinticinco veces menos de lo que hasta ahora recibe un congresista. 

No sobra recordar que los honorables parlamentarios se benefician, además, con viáticos para transporte y vivienda, tiquetes aéreos, seguros de vida, auxilio funerario, acceso especial a pensión, apoyo para telefonía, camionetas blindadas, servicio de escoltas, etc. A lo anterior se suma el pago para sus Unidades de Trabajo Legislativo -UTL-, un grupo remunerado de asesores de entre seis y diez integrantes que les ayuda a sobrellevar sus pesadas cargas laborales, cuyo pago, por supuesto, corre también a cuenta del erario, al que le significa una cuantiosa erogación. 

Dejemos aparte eventuales “atenciones” que pudieran recibir de lobistas, banqueros, empresarios, caciques regionales, etc., que los acostumbran a premiar si deciden jugar del lado de sus intereses.   

Como a los congresistas les fue imposible legislar en contra de sus buenas mesadas y en bien del país al que, de todas maneras, quisieran ver con sus finanzas equilibradas, fue necesario hacerlo vía decreto del ejecutivo. Esto se corresponde con esa especie de cruzada contra la desigualdad -subirle a los que menos y restarle a los que más- en el que este Gobierno se ha comprometido.  

Aparte de contribuir a allanar los caminos para avanzar hacia la racionalidad en el gasto público y la sostenibilidad fiscal, se pone también en sintonía con la idea de dar prevalencia al interés general, promover la solidaridad y encaminar medidas que beneficien a los sectores que se encuentran en mayores desventajas o viven situaciones de más riesgo y vulnerabilidad.   

No sobra decir que el hecho de que, ante la negativa de un sector mayoritario del Congreso, esta medida hubiera tenido que conducirse vía decreto del ejecutivo, es un elemento a considerar para la conformación del nuevo cuerpo legislativo que se elegirá el próximo ocho de marzo. El país necesita renovar su representación tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. 

Si algo ha dejado claro la legislatura que termina es la importancia de contar con parlamentarios que no sean de los que siempre han sido mayoría y, en consecuencia, un freno a las alternativas de cambio.

De sobra ha quedado demostrado el espíritu negacionista, conservador y regresivo que todavía domina en el Congreso. El mismo que quiso hundir la reforma laboral, que no ha dejado hacer realidad la reforma a la salud, que tiene demandada la reforma pensional y que considera populista y se duele del incremento con que se benefició a los trabajadores. En cambio no le duelen las cuestionables cifras a las que se elevan las remuneraciones de los que ocupan, algunos solo ocupan, las sillas del que hacia adelante habrá que enaltecer como el verdadero recinto de la democracia. 

De esto último se trata el voto que debemos depositar en las próximas elecciones. 


*Economista-Magister en estudios políticos


jueves, 15 de enero de 2026

Se le hizo tarde al ELN


¿Será que, esta vez sí, el ELN se ha convencido de que la lucha armada hace mucho perdió su razón de ser, si es que alguna vez la tuvo, y que el país de hoy no es el mismo de 1964 cuando ellos iniciaron su gesta revolucionaria, que hoy no es gesta ni tampoco revolucionaria?


Orlando Ortiz Medina*


Foto: Canal 1
El Ejército de Liberación Nacional, ELN, inició el año con una nueva propuesta de Acuerdo Nacional dirigida al Gobierno Nacional. Solo hay una cosa difícil con esta organización: creerle.

Luego de más de sesenta años y ya no sabemos cuántos procesos de diálogo iniciados, la frustración y una nueva escalada de la guerra han sido el resultado. 

¿Será que, esta vez sí, el ELN se ha convencido de que la lucha armada hace mucho perdió su razón de ser, si es que alguna vez la tuvo, y que el país de hoy no es el mismo de 1964 cuando ellos iniciaron su gesta revolucionaria, que hoy no es gesta ni tampoco revolucionaria?

Si no es así, se equivoca si cree que alguien le va a comprar su propuesta de Acuerdo Nacional, mientras se siga soportando sobre las acciones de violencia y bajo la tutela de las armas. Más aún, si continúa mostrándose como el protagonista de una guerra degradada, y lejos muy lejos de representar las demandas y necesidades de una ciudadanía que rechaza sus actuaciones y le exige el abandono de sus territorios, a los que sigue condenando al dolor y la violencia.

Peca de iluso si cree que cuenta con la autoridad y legitimidad que lo respalde para erigirse como convocante de una propuesta en la que, una y otra vez, no ha hecho más que sumar frustraciones que impiden otorgarle una visa de credibilidad de parte de la ciudadanía, las autoridades y todo el país político.

Mucha agua ha pasado por debajo del puente después de más de seis décadas de una revolución que no ha sido, de una guerra que se hizo estéril y de una historia que lo devoró a sí mismo y terminó llevándolo a una deriva tan reaccionaria y conservadora como aquella a la que en la otra orilla ideológica se propuso combatir.

Al ELN no le ha pasado el tiempo, se quedó anclado en la Colombia de los años sesenta y setenta, en la impronta del Frente Nacional y el Estado de Sitio, que acaso justificó su presencia y la de otras organizaciones insurgentes, la mayoría de las cuales dieron ya el paso hacia nuevas comprensiones y maneras de entender la lucha revolucionaria y la búsqueda de las transformaciones sociales. 

Le ha faltado entereza y capacidad de raciocinio para entender que no hay revolución posible si no como parte de un proceso de transformaciones culturales, emergencia de nuevos protagonismos y resignificación de prácticas políticas capaces de alterar las bases materiales y simbólicas del poder, única manera de dar lugar a nuevos modelos de sociedad.  

Ha sido incapaz de leer el momento histórico y las dinámicas de un gobierno que, por primera vez en el curso de nuestra historia, ha validado su programa y soportado su legitimidad en sectores que jamás habían tenido la oportunidad de interlocución con aquel a quien eligieron y quien, como tampoco hasta ahora había pasado, sabe que se les debe y representa.  

No advierte sus yerros que lo ubican más cerca de una derecha con la que se junta en su ceguera, una y otro tan torpes y tan lejos de estar en sintonía con los nuevos tiempos y las nuevas agendas que se demandan frente al nuevo acontecer político nacional e internacional. Una derecha que de su parte se siente servida a manteles y de la que se ha convertido en su gran aliado, cuando alimenta su política de guerra y su manoseado discurso de la seguridad.

¿No es acaso la participación de la ciudadanía, la profundización de la democracia, la erradicación de la pobreza, la lucha contra la desigualdad, la defensa de la soberanía, etc., puntos que propone como base de su nuevo llamado al Acuerdo Nacional, lo que ha venido impulsando el presidente Gustavo Petro, a quien ha dado la espalda y se ha negado a acoger su voluntad y disposición a la consecución de la paz?

Su tozudez lo ha hecho ajeno al desarrollo de una sociedad civil que se fortalece y de la amplia estela de movimientos sociales que se han convertido en los verdaderos protagonistas de una revolución que avanza, mientras desdice de su anquilosado proyecto de insurgencia sin tropa, valor ni contenido. 

Se le hizo tarde al ELN para proponerle al país un nuevo Acuerdo Nacional. Le hizo mucho daño al Gobierno con el que tuvo su mejor oportunidad de abrirse espacio, mostrarse como el verdadero representante de quienes fueron los fundadores de su proyecto revolucionario y dar el salto hacia un ejercicio civilizado de la política. 

Le ganó la inercia en la que se dejó anegar por circunstancias que lo desdibujaron como un actor político y lo hicieron cultor de una imagen que, ante quienes dice representar, solo se muestra como uno más de los actores que se resisten a la posibilidad de un cambio.

Nada, en todo caso, deja de lado la necesidad de insistir en que, en la búsqueda y consolidación de la paz, el diálogo y la solución política siguen siendo el camino más indicado. Tal vez el único. De ello es que debemos seguirnos ocupando cuando de la revolución se trata. 


*Economista-Magister en estudios políticos 


jueves, 8 de enero de 2026

Salario mínimo vital, el gran cambio

 

 Se espera que el nuevo referente de cálculo y el incremento significativo que implicó impacte positivamente la economía, vía crecimiento del ingreso y de la demanda, y termine beneficiando a otros grupos de población y sectores económicos.

 

Orlando Ortiz Medina*


Foto: Emisora Atlántico
La transición del concepto de salario mínimo a salario vital es tal vez es el cambio más profundo que se ha producido durante el gobierno de Gustavo Petro. 

Esta nueva acepción remite al cálculo real, cuando menos más aproximado, del costo de una canasta familiar, que cubra requerimientos básicos de subsistencia: alimentación, salud, educación, vestuario, gastos de transporte, principalmente. No se calcula a partir de una persona, sino de un grupo familiar, tomando en promedio 3.2 personas por familia y asumiendo que 1.5 de quienes la componen trabajan.

El de salario mínimo era un concepto en cierta medida arbitrario, tomaba como referencia solo una persona y siempre había estado por debajo del costo real de una canasta básica de subsistencia. En otras palabras, era insuficiente y mantenía las condiciones sobre las cuales se perpetúan los elevados niveles de inequidad, que es quizá el problema más grande que existe en Colombia. Su incremento, además, se hacía teniendo en cuenta la tasa de inflación y la productividad, que no necesariamente respondían al comportamiento del costo de vida.   

Se espera que el nuevo referente de cálculo y el incremento significativo que implicó impacte positivamente la economía, vía crecimiento del ingreso y de la demanda, y termine beneficiando a otros grupos de población y sectores económicos. Asimismo, lo que solo será visible a mediano y largo plazo, que genere impactos redistributivos, que conjugados con otro conjunto de factores deberán reflejarse en la disminución de la inequidad y la pobreza y pobreza extrema.

El salario vital conlleva a una significativa transformación de las bases filosóficas que han orientado tanto la concepción como el ajuste de la remuneración de los trabajadores. Da vigencia y contenido al Estado Social de Derecho; reconoce y se establece sobre dos parámetros clave: dignidad y calidad de vida, hasta ahora prácticamente ausentes en las mesas de concertación en Colombia; define nuevos parámetros en la relación salario (remuneración de los trabajadores) /renta (utilidades de los empresarios) en la matriz productiva, que hasta ahora ha jugado con ventaja para estos últimos.

 Medidas complementarias

Es necesario anotar que el salario no es la única variable a tener en cuenta en la dinamización y comportamiento de la actividad económica, por lo que se requiere poner en curso medidas complementarias. Por ejemplo, ¿Qué hacer frente a aquellos valores que están indexados (atados) al incremento salarial, que pudieran tener impactos inflacionarios y/o afectar el ingreso disponible de aquellos a quienes el incremento decretado por el Gobierno no los cubre o los cubre en menor proporción? 

Si se aspira a un gran impacto sobre la demanda agregada, es necesario garantizar una respuesta adecuada y suficiente de la oferta, que implica estrategias claras de estímulo a la producción agrícola, pecuaria, agroindustrial y al sector manufacturero en general. Si no es así, se pueden generar efectos desestabilizadores.

Hay que pensar en incentivos o tratamientos diferenciales, en especial para los micros y pequeños empresarios, que pueden hacerse vía créditos de fomento, apoyo a procesos de transformación tecnológica y políticas dirigidas a mejorar los escenarios de comercialización e inserción en nuevos mercados, ojalá con productos que ofrezcan mayores posibilidades de agregación de valor en cada uno de los eslabones de la cadena de producción.

En relación con el desarrollo agropecuario y sus efectos en cadena sobre otros sectores, la producción y el consumo alimentario, por ejemplo, es clave que se continúe con la entrega de tierras a las familias campesinas, en lo que hasta ahora el Gobierno ha mostrado muy buenos resultados. En esa misma dirección, continuar con los proyectos de mejora de infraestructura como carreteras, vías terciarias, disposición de agua para riego, conectividad, sistemas de transporte e iniciativas de electrificación rural, entre otras.  

En fin, se trata de crear la capacidad de respuesta frente a la situación que se deriva de los nuevos referentes del ajuste salarial y el aumento que se espera de la demanda efectiva; en otras palabras, que las empresas reúnan las condiciones que les permitan afrontar y hacer sostenible el cambio, particularmente en términos de productividad, manteniendo o en el mejor de los casos aumentando el número de personas vinculadas laboralmente.   

Coherencia macroeconómica

Si, como ya se anotaba, el salario no es una única variable, es necesario que la política salarial esté en coherencia con otras políticas macroeconómicas que actúan sobre el conjunto de la actividad productiva. En el propósito de estimular la demanda, por ejemplo, no se puede continuar con una política monetaria excesivamente restrictiva, la tasa de interés no puede ser el único instrumento de control de la inflación, en tanto es insuficiente y termina generando efectos contractivos.

En la misma dirección, frente al impacto esperado del incremento del salario en los gastos del Estado, hay que insistir en una nueva ley de financiación; el país necesita reorientar y aumentar su capacidad de recaudo, lo que es perfectamente factible sin que se generen efectos desestabilizadores. Infortunadamente, al Congreso le ha faltado sentido de responsabilidad y le ha fallado a sus ciudadanos llevándolos a asumir sacrificios que bien pudieran evitarse si no lo dominara su espíritu obstruccionista y su férrea disposición a que el Gobierno fracase.

La deuda creciente y la situación de déficit en las finanzas es parte de una situación heredada de gobiernos anteriores, que pueden corregirse si los diferentes sectores políticos y los gremios económicos están dispuestos a acoger un pacto fiscal en el que, con verdadero sentido de patriotismo, piensen en el conjunto de la sociedad y no solamente en sus intereses gremiales y particulares o en buscar saldos políticos con fines electorales.

Con la negativa a modificar el sistema de recaudo los gremios y partidos de oposición le han hecho un enorme daño al país, pues son conscientes de que un presupuesto desequilibrado mina la confianza y credibilidad en el mercado financiero internacional, con implicaciones adversas sobre los costos y posibilidades de acceso a fuentes de financiación. La falta de conciencia y los rencores políticos no tienen porque convertirse en una carga adicional para los ciudadanos.

No hay que proyectar una debacle

Es cierto que la decisión de asumir nuevos referentes para subir el salario genera una fuerte sacudida, pero no estamos en la antesala de una catástrofe ni en el camino hacia el fin de los tiempos, como con cierto maniqueísmo lo presentan sectores de los gremios económicos y los partidos de oposición.

La evidencia ha demostrado que no necesariamente el crecimiento del salario tiene impactos inflacionarios ni se traduce imperativamente en aumento del desempleo y la informalidad. Durante los últimos cuatro años (2022-2025) el salario nominal ha crecido un 62 %, mientras en el mismo periodo la inflación bajó del 13,2 % al 5,1 %. El desempleo, por su parte, tuvo un descenso del 10,55% en 2022 al 7% en 2025, la cifra más baja en el presente siglo. Aunque leve, la tasa nacional de informalidad ha descendido del 57,9 en el trimestre agosto-octubre de 2022 al 55,5% en el trimestre agosto-octubre de 2025.

De manera que los datos desestiman las predicciones fatalistas de los críticos que, sin mirar el conjunto, se quedan en un solo lado de la ecuación: el del impacto sobre los costos laborales y sobre algunos valores indexados, en uno y otro caso sin mayor argumentación técnica. Es decir, omiten referirse a lo que el mayor ingreso disponible implicaría en términos de crecimiento de la demanda agregada, aumento de la producción, estímulo al desarrollo empresarial y crecimiento de las personas ocupadas.  

Nueva matriz productiva

Respecto a lo anterior, es importante destacar que la nueva fórmula de incremento salarial se hace sobre una economía que se ha venido modificando, en el marco de una ruptura con la ortodoxia económica. Se han replanteado los sectores que lideran el proceso de producción y acumulación, en tanto se transita de un modelo basado en la primarización de la economía -el extractivismo-, hacia otro que se apoya en sectores que ofrecen ventajas para el mercado interno, más estabilidad, posibilidades superiores de reinversión en la economía local y más potencial para la generación de empleo.

Se refuerza así la idea de que, más allá de la escala de remuneración, la vinculación de la fuerza de trabajo depende ante todo de la diversificación y el anclaje de la base productiva con los sectores reales de producción. Es lo que ha ocurrido con el sector agropecuario, la industria manufacturera, el turismo, el comercio y los servicios, a los que se ha dado prioridad durante este Gobierno, frente a la que hasta ahora tenía el de explotación minera.

Mientras que este último participaba en el PIB con un 10% en el tercer trimestre de 2012, desciende a 4% en el mismo trimestre de 2025. La participación de la agricultura pasó del 6% al 10% durante el mismo periodo de referencia; el comercio al por mayor y al por menor pasó del 15% al 19%, comparando también el tercer trimestre de 2012 y 2025..

El cambio en la matriz productiva ha permitido igualmente una nueva inserción en las dinámicas económicas internacionales; el país cuenta hoy con una canasta exportadora más diversificada y menos sujeta a los vaivenes de precios y los flujos de oferta de los tradicionales commodities. De acuerdo con Giraldo, mientras entre enero y septiembre del presente año las exportaciones de productos agropecuarios, alimentos y bebidas contribuyeron con un 30,5% del total exportado, en 2012 esta cifra era apenas de un 11,23%. Las manufacturas pasaron de participar con un 17,3% de las exportaciones en 2012 al 21, 8% en 2025. En el caso de la participación de industrias extractivas la relación es inversa, cuando pasaron del 65,8% en 2012 al 39,3% en 2025.  

En general, el balance de la economía ha mostrado signos muy positivos: es evidente la reactivación económica, con un ritmo de crecimiento de alrededor del 3,5%, según reportes de último trimestre del DANE. Tal reactivación, como se anotó al comienzo, se expresa en la reducción significativa del desempleo, el descenso en la tasa de inflación y la reducción de la tasa de cambio. De acuerdo con estimaciones de algunas entidades nacionales e internacionales, se proyecta un comportamiento igualmente positivo para el nuevo año.

Si cuando se hizo la reforma del 2003, en el gobierno de Alvaro Uribe, se eliminaron horas extras, se redujo el pago de dominicales y festivos y se precarizó el sistema de contratación laboral con contratos de prestación de servicios; es decir, se puso el ajuste económico sobre los hombros de los trabajadores con el argumento de que iba a reducir el desempleo y la informalidad, que en efecto no ocurrió, |vale entonces considerar que hoy el esfuerzo superior esté del lado de los empresarios. Seguro que no van a fenecer y sí permitirían que avancemos hacia una sociedad menos desigual, más justa y en donde la democracia no siga siendo solo una aspiración.

Ojalá sepan leer y entender esta nueva etapa de la historia en la que se encuentra el país y demuestren su grandeza y compromiso, para que al final la nación entera sea la que termine ganando. También ellos, con la seguridad de que en realidad no les demanda mayores sacrificios, deben mirar cómo se protege y expande el trabajo formal y vinculan cada vez más y en mejores condiciones nueva fuerza de trabajo. 

Hoy que decirles, con humildad y sin arrogancia, que ya no son solo ellos los que deciden. Saben que no van a perder, tal vez, solo tal vez, ganarían un poco menos, pero avanzaremos todos hacia una sociedad mejor. Porque más equidad y menos pobreza es el camino más seguro hacia la paz.

 

 *Economista-Magister en estudios políticos