domingo, 30 de marzo de 2025

El Congreso actúa en contravía de un país que está cambiando

Orlando Ortiz Medina*


Lo que actualmente ocurre está más allá de un asunto puramente coyuntural, el telón de fondo sigue siendo la renuencia de los dueños del establecimiento a que en el país se emprendan reformas que históricamente han sido aplazadas.


Foto: Pressenza, international press agency
Los colombianos apreciamos hoy una mayor tensión entre los poderes ejecutivo y legislativo. Nada que sorprenda. Es parte del escenario que se configura a partir de 2022 con la llegada a la presidencia de un personaje cuyo origen social y fundamentos ideológicos y programáticos son sustancialmente distintos a los de quienes históricamente han sido mayoría en el Congreso de la República.

La tradición es que la relación entre estos dos poderes esté mediada por el cruce de favores, el trámite de intereses, las lealtades personales y las diferentes formas como los dispositivos de clientela han cooptado la funcionalidad del Estado. Para decirlo sin eufemismos, lo normal ha sido que el Congreso sea del bolsillo del presidente, o viceversa. No hay tal de un sistema de pesos y contrapesos que opere como corresponde a un orden genuinamente democrático. 

De manera que lo que actualmente ocurre está más allá de un asunto puramente coyuntural, el telón de fondo sigue siendo la renuencia de los dueños del establecimiento a que en el país se emprendan las reformas que históricamente han sido aplazadas. Es un hecho que con este nuevo gobierno la agenda de debate es diferente y que al Congreso le toca dedicar menos tiempo a aprobar decretos para conceder la Cruz de Boyacá, rendir honores o inaugurar estatuas; debe, en cambio, acoger la discusión de propuestas en cuya médula estaría la solución de muchos de los grandes problemas que el país padece, algunos de los cuales sirven como alimento de la violencia.   

Colombia sigue siendo el tercer país más desigual del mundo y el primero de América Latina, está entre los que tienen mayores índices de violencia y mantiene una tasa de pobreza monetaria y de pobreza monetaria extrema de 33 % y 11,4 %, respectivamente, con índices significativamente superiores en la zona rural. Solo una de cada cuatro personas se pensiona, la informalidad a nivel nacional se mantiene alrededor del 56 % (83% en las zonas rurales) y corresponde a personas cuya precariedad laboral es latente, con muy bajas tasas de remuneración y ausencia casi que total de estabilidad y garantías laborales

Vale recordar que Colombia sigue siendo el tercer país más desigual del mundo y el primero de América Latina, está entre los que tienen mayores índices de violencia y mantiene una tasa de pobreza monetaria y de pobreza monetaria extrema de 33 % y 11,4 %, respectivamente, con índices significativamente superiores en la zona rural. Solo una de cada cuatro personas se pensiona, la informalidad a nivel nacional se mantiene alrededor del 56% (83% en las zonas rurales) y corresponde a personas cuya precariedad laboral es latente, con muy bajas tasas de remuneración y ausencia casi que total de estabilidad y garantías laborales.

El esquema de tributación es altamente regresivo -pagan menos impuestos los que más riqueza tienen-, cada vez menos personas tienen posibilidad de acceso a la educación, sobre todo en el nivel superior, tanto por el descuido en que se ha dejado a las universidades públicas, como porque debido a la pobreza en sus hogares los jóvenes se ven obligados a vincularse más temprano a la vida laboral, cuando es que lo logran. 

Pese a que estadísticamente se registra una cobertura satisfactoria de atención en salud, 99,6 %, la prestación del servicio es altamente deficiente para el otorgamiento de citas, la atención de enfermedades terminales o de alto riesgo, la entrega de medicamentos y la disponibilidad de infraestructura y personal especializado, también con una brecha significativa en contra de las personas del campo.

La concentración de la propiedad de la tierra, que ha estado en la base del conflicto social y armado, es la más elevada de América Latina: el 1 % de las fincas de mayor tamaño ocupa el 81 % de la tierra, mientras el 19 % restante se reparte entre el 99 % de las fincas. En lo que a propiedad se refiere, el 10% de los propietarios de las fincas más grandes poseen el 80,57 % del área rural. 

La concentración de la propiedad de la tierra, que ha estado en la base del conflicto social y armado, es la más elevada de América Latina: el 1 % de las fincas de mayor tamaño ocupa el 81 % de la tierra, mientras el 19 % restante se reparte entre el 99 % de las fincas. En lo que a propiedad se refiere, el 10% de los propietarios de las fincas más grandes poseen el 80.57 % del área rural. 

Todo este conjunto de situaciones sería evitable, o al menos en parte se podría corregir, si existieran condiciones de distribución más equitativas y que impidan seguir sosteniendo el régimen de privilegios del que gozan ciertos grupos sociales. Que así fuera es una tarea que le corresponde al Congreso de la República, a lo que, ya se dijo, históricamente se ha negado, debido a que quienes han estado sentados en la curules no representan propiamente a quienes más padecen las consecuencias. 

El asunto es que, de llevarse a cabo, las reformas afectarían intereses muy potentes de los grupos económicos: los grandes propietarios de la tierra, los dueños de las empresas que tienen el control de la salud a través de las EPS, los propietarios de los fondos privados de pensión y los gremios económicos, que consideran un prejuicio y una afrenta a la economía permitir que los trabajadores cuenten con un modelo prestacional y de garantías laborales más justo y equitativo. 

Lo cierto es que estamos frente a un Congreso y unas élites que parecen no haberse dado cuenta de que actúan en contravía de un país que está cambiando y que su tozudez y conservadurismo más temprano que tarde les puede pasar una costosa cuenta de cobro. La comodidad de quienes han vivido a la sombra del bipartidismo y sus derivaciones posteriores está bastante diluida; lo que queda se mantiene solo gracias a sus estructuras clientelares, sus redes de lobby y corrupción y los anclajes locales y regionales que aún guardan con los vicarios de la vieja política.

Un nuevo sistema de representaciones, basado sobre todo en principios identitarios y con especificidades en sus necesidades y demandas ha tomado auge; la conciencia sobre los problemas sociales y la manera de tramitarlos ha ido encontrando cauces diferentes

Un nuevo sistema de representaciones, basado sobre todo en principios identitarios y con especificidades en sus necesidades y demandas ha tomado auge; la conciencia sobre los problemas sociales y la manera de tramitarlos ha ido encontrando cauces diferentes. La ciudadanía asume hoy mayores grados de libertad y copa nuevos espacios de manifestación en el escenario público y político, acudiendo a otros mecanismos de participación que en parte reflejan la desconfianza en las instituciones y el declive de quienes hasta ahora se venían considerando sus líderes naturales. Es latente la crisis de una dirigencia que, así mantenga su mayoría en el Congreso, se ve amenazada por la emergencia de estas nuevas formas de expresión y movilización social. 

Es poco inteligente que, en vez de promover o por lo menos afrontar las iniciativas de cambio, se apueste por el fracaso de quien se atreve a proponerlas, huyéndole al discernimiento y saliéndose con jugaditas de los lugares y las reglas del juego democrático. Se prefiere, por el contrario, acudir al uso de un poderoso aparato mediático desde el que se manipula, se falsea, se desprestigia y se encubren las situaciones críticas, con el único propósito de que las cosas se mantengan como están, parados sobre estructuras institucionales y constitucionales en cuya inercia se soportan los defensores de una situación que social y políticamente es cada vez más insostenible. 

la inclusión en las decisiones de política y los destinos de la nación de quienes son sus inmediatos afectados o beneficiarios sería una manera de contribuir a la formación de valores democráticos

Mientras el Congreso se mantenga como una instancia instrumentalizada al servicio de intereses gremiales y corporativos y se le siga huyendo a los recursos de la democracia participativa, continuarán aumentando los factores de desestabilización que nos ponen en riesgo como sociedad y como país. Se requiere por ello y con urgencia acometer las transformaciones institucionales, orientadas a corregir un sistema que, pese a que está atravesado por un complejo cúmulo de anomalías y disparidades, se sigue llamando democrático. 

Sería de paso una manera de avanzar hacia una nueva cultura política -tarea bastante rezagada en Colombia-, en tanto la inclusión en las decisiones de la política y los destinos de la nación de quienes son sus inmediatos afectados sería una manera de contribuir a la formación de valores democráticos, además de la mejor respuesta frente a las prácticas de quienes apenas a su amaño y mezquindad han disfrutado hasta ahora del control del poder.

Hay que aceptar que los cambios sobre los que ha insistido este Gobierno están en la médula de lo que es el Estado Social de Derecho, puesto en cuestión, bien por el recorte a derechos mediante reformas y en Gobiernos anteriores, o bien porque sencillamente jamás han tenido vigencia. Es al respecto que cobra sentido el debate sobre la reforma laboral, a la salud y al régimen de pensiones, que agitan el panorama político y que, ante la negativa del Congreso, ha llevado al Presidente a convocar una consulta ciudadana que va a ser decisiva en el acontecer político que se vislumbra hacia las elecciones de Congreso y presidencia de 2026. 

Hoy más que nunca, el ejercicio de la democracia directa adquiere mayor significación, en tanto amplia el espectro de la participación y el debate público, en donde se espera que el verdadero protagonista sea, como siempre ha debido ser, el pueblo como constituyente primario y titular soberano de la democracia. 

La consigna es clara, o cambia el estado de cosas o el estado de cosas nos cambia. 

*Economista-Magister en estudios políticos  


domingo, 16 de marzo de 2025

Consulta sobre la reforma laboral: ¿Por qué y para qué?


Orlando Ortiz Medina*

El poder del Congreso no es absoluto, tiene límites en el cumplimiento de sus funciones y no dispone de mayor autoridad que la de aquellos en cuyo nombre actúa. 

La democracia, en su acepción más plena, remite inevitablemente a la figura del constituyente primario, es decir, al pueblo, depositario superior de la soberanía en el ejercicio del poder. A él ha decidido acudir el presidente de la República, Gustavo Petro Urrego, para consultarle, de manera directa, si está de acuerdo o no con que se apruebe una reforma laboral que devuelva derechos perdidos y dignifique la vida de los (as) trabajadores (as).  

El Congreso de la República, como las Asambleas departamentales, los Concejos Municipales, etc., son instancias delegadas, que forman parte de la democracia indirecta o representativa; en ellas, mediante elección popular, el pueblo delega, aunque nunca cede, su poder. Como tal, están bajo la jerarquía del constituyente primario, a éste deben su existencia, su composición y los asuntos de los que se ocupen. Su poder no es absoluto, tienen límites en el cumplimiento sus funciones y no disponen de mayor autoridad que la de aquellos en cuyo nombre actúan. 

Así lo ordena en Colombia la Constitución política de 1991, que en el primer renglón de su preámbulo dice: “el pueblo, en ejercicio de su poder soberano, representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente… sanciona y promulga la siguiente Constitución…”. Por su parte, el artículo 2 estipula que “son fines esenciales del Estado… facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida económica, política, administrativa y cultural de la nación”. De igual manera, en el artículo 3, se señala que “la soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público. El pueblo la ejerce en forma directa o por medio de sus representantes, en los términos que la Constitución establece”.

El artículo 104 faculta al presidente para que, con la firma de todos los ministros y previo concepto favorable del Senado de la República, consulte al pueblo sobre decisiones de trascendencia nacional

Para facilitar y hacer posible y transparente la participación del constituyente primario, se cuenta con unas bases legales que la reglamentan. El artículo 103 establece mecanismos como el voto, el plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, la iniciativa legislativa y revocatoria del mandato. El artículo 104 faculta al presidente para que, con la firma de todos los ministros y previo concepto favorable del Senado de la República, consulte al pueblo sobre decisiones de trascendencia nacional. Sea lo que sea que el pueblo considere, su decisión será obligatoria. Existen también la Ley 134 de 1994 y la Ley 1757 de 2015, que regulan y establecen normas para la promoción y protección del ejercicio a la democracia. 

La consulta popular es un mecanismo mediante el que los ciudadanos votan sí o no a una pregunta o un conjunto de preguntas referidas a un tema de interés general y tendrá que cumplir una serie de requisitos para obtener su aprobación: a) La convocatoria deberá ser aprobada por el Senado de la República una vez sea presentada por el Presidente con la firma de todos sus ministros; b) luego del trámite en el Senado, será presentada a la Registraduría Nacional del Estado Civil, quien verificará el cumplimiento de los requisitos formales; c) en las elecciones tendrá que participar al menos la tercera parte (33%) del censo electoral, es decir, de quienes en el momento de la elección estén habilitados para votar, aproximadamente 13´518.000 personas en Colombia; y d) de ese mínimo requerido de votantes, por lo menos la mitad más uno deben haber votado por el sí, aproximadamente 6´760.000 colombianos.  

No hay pues ninguna actitud dictatorial, arbitraria o de abuso de poder o autoridad por parte del líder del ejecutivo, como quieren hacerlo ver los miembros de la oposición y algunos medios de comunicación. La propuesta se ciñe estrictamente a los marcos legales y constitucionales y está dentro de las competencias del jefe del Estado. 

Un congreso mayoritariamente en contra, unos medios empeñados en ensombrecer su imagen y acciones de Gobierno, y unas Cortes que dejan al menos un mal sabor en la manera como se están conduciendo, ponen en cuestión la vigencia de las reglas del juego democrático. 

No está de más decir que el presidente ha sido sometido a una serie de barreras institucionales y condicionantes políticos que buscan bloquear su agenda y cerrar el paso a las propuestas de cambio con las que en 2022 fue elegido por la mayoría de los colombianos. Un congreso mayoritariamente en contra, unos medios empeñados en ensombrecer su imagen y acciones de Gobierno, y unas Cortes que dejan al menos un mal sabor en la manera como se están conduciendo, ponen en cuestión la vigencia de las reglas del juego democrático. 

La democracia está en duda cuando los procedimientos y las instancias de decisión, antes que un canal por donde fluyan legal y transparentemente los asuntos del Estado y que competen al interés ciudadano, son un obstáculo a la participación y un bloqueo a las determinaciones. Está en duda cuando las instituciones delegatarias, quienes ocupan sus cargos, no están cumpliendo la misión que constitucionalmente les fue asignada y desvían su obligación de actuar en pro del bienestar colectivo para endosarse en favor de los intereses particulares, lo que lleva a considerar que están ética, política y moralmente impedidos.

La reforma busca resarcir derechos que con propuestas anteriores les fueron conculcados a los trabajadores, cuando se modificó el horario nocturno para el pago de horas extras, se disminuyó el valor del pago por dominicales y festivos, se flexibilizaron las causas de despido, se permitieron sistemas de contratación por horas o por prestación de servicios y sin garantía de continuidad ni pagos prestacionales. No fue cierto que tales medidas llevaron a una aumento y mejora de las condiciones laborales, por el contrario, el desempleo estructural se mantuvo o aumentó frente a sus promedios históricos, creció la informalidad y condujo, en general, a la precarización del empleo en todos los sectores y actividades laborales, aunque con mayor afectación de las poblaciones más pobres y vulnerables. 

No alcanzar el umbral de participación requerido es tal vez el mayor riesgo porque desde los contradictores se va a apostar a que los ciudadanos se abstengan de salir a votar.

Propone que la jornada nocturna se contabilice a partir de las siete de la noche, que se aumente el valor de remuneración en los días de descanso obligatorio, establece medidas de estabilidad laboral y estabilidad reforzada para personas embarazadas, enfermas y pre pensionadas; medidas para la eliminación de la violencia, el acoso y la discriminación en los lugares de trabajo; aumento de la licencia de paternidad, formalización del trabajo doméstico, mejorar la situación de los trabajadores y trabajadoras rurales y contrato y pago digno a los practicantes del SENA, entre otras. 

Desde luego que, como en cualquier llamado de este alcance y naturaleza, se corren riesgos que el presidente y los sectores progresistas y movimientos sociales que apoyan la convocatoria están dispuestos a asumir. Estamos ante un electorado altamente voluble y manipulable y es muy fuerte la campaña que en su contra van a hacer los partidos de oposición, los gremios y los grandes medios de comunicación. No alcanzar el umbral de participación requerido es tal vez el mayor riesgo porque desde los contradictores se va a apostar a que los ciudadanos se abstengan de salir a votar. En cualquier caso, Colombia necesita seguir avanzando en el fortalecimiento de su cultura política y democrática, para lo que este tipo de iniciativas son un valioso procedimiento a seguir.  

Se requiere de una labor pedagógica con la población trabajadora, desempleada, que vive en la informalidad o que sobrevive por contratos de prestación de servicios y sin garantías de estabilidad laboral. Hay que hacer ver las ventajas de la reforma, tanto para el país como para los trabajadores y evitar que sea manipulada con el cuento, que ya nos hemos comido muchas veces, de que se va a afectar la generación de empleo y que vamos a ser conducidos a una mayor debacle social. Entre mejores sean las condiciones laborales, haya más personas devengando y los salarios y los sistemas prestacionales sean más justos, no hay duda de que mayor dinamización tendrá la economía. Habrá más ingresos, más capacidad de compra y, sobre todo, más familias y personas viviendo con dignidad. 

Hay que votar sí a la reforma.


*Economista-Magister en Estudios políticos



miércoles, 26 de febrero de 2025

¿A qué juega el señor Presidente?


Orlando Ortiz Medina*

¿Estamos frente a un presidente que se declara amarrado por las inercias de una institucionalidad que finalmente se le impuso como una camisa de fuerza?


Tomado de Revista Sur
Entrando ya en su última etapa de gobierno, el presidente Gustavo Petro parece dispuesto a recomponer sus relaciones con el Congreso buscando superar el bloqueo que se le ha impuesto para no dejarlo avanzar en sus reformas.

Lo cierto es que lo hace caminando en arenas movedizas y en lo que bien podría terminar siendo un salto al vacío; pues no solo no tiene garantía de que efectivamente logre este propósito, sino que en ese tránsito se han develado fracturas con su equipo de trabajo y con algunos de los movimientos o sectores políticos que fueron definitivos para su triunfo en las elecciones de 2022. Asimismo, ha aumentado la incertidumbre sobre la posible continuidad del Pacto Histórico en 2026, sin duda el que mayor trascendencia ha tenido en los últimos años, si de las comunidades hasta ahora más olvidadas y al margen de los espacios de representación se trata. 

¿Se está preguntando cómo seguir jugando con las negras mientras debe pensar desde las blancas? 

Lo ocurrido en el cuestionado Consejo de ministros del pasado 4 de febrero inquietó a propios y extraños sobre lo que puede estar pasando por su cabeza y la manera como se propone retomar el control sobre los cuadros que se están moviendo en el tablero. ¿Se está preguntando cómo seguir jugando con las negras mientras debe pensar desde las blancas? 

¿Estamos frente a un presidente que se declara amarrado por las inercias de una institucionalidad que finalmente se le impuso como una camisa de fuerza? ¿Un presidente de cuyo entorno político no pudo liberarse y que no le deja otra opción para tramitar sus reformas que el mercado de prebendas, transacciones y otorgamiento de cuotas burocráticas, que es justamente el tipo de anclajes en que se ha soportado el establecimiento?  ¿Hasta dónde puede ceder o tensar la cuerda con la oposición sin sacrificar sus principios ni la relación y el apoyo de los círculos más afines a su plataforma ideológica y programática?

Las respuestas a estas preguntas no son fáciles y deben llevar a consideraciones que, sin que puedan desmarcarse de las urgencias que agobian, deben ir más allá de lo que significa un periodo de gobierno.

En el fondo, lo que va quedando en el ambiente es saber si, tanto desde el presidente como desde los contradictores de su propio entorno político, se es consciente de lo que está en juego

 En el fondo, lo que va quedando en el ambiente es saber si, tanto desde el presidente como desde los contradictores de su propio entorno político, se es consciente de lo que está en juego en una situación en la que, por primera vez, el país ha marcado un punto de inflexión en su historia política, que es lo que significa la llegada de un presidente de izquierda a la jefatura del Estado. Más aún, que ello es el resultado de un proceso bastante largo de acumulación de fuerzas que trasciende los actuales liderazgos, en el que nuevas organizaciones y formas de representación, con nuevas agendas de discusión, han sido los verdaderos protagonistas, en el anhelo de sobreponerse a más de doscientos años de hegemonía de unas élites ajenas a sus intereses. 

A quienes forman parte de la estructura de Gobierno, empezando por su gran líder, les asiste entonces una enorme responsabilidad a la hora de leer el momento histórico y las consecuencias que se puedan derivar de sus actuaciones. En el triunfo de 2022 concurrió un movimiento social diverso y, en general, desmarcado de afiliaciones y liderazgos políticos, aunque claramente comprometido con la decisión de empujar los cambios que se necesitan para superar una democracia a medias y un Estado capturado por las mafias y los intereses privados; barreras que impiden superar las enormes condiciones de exclusión e inequidad, además de la dolorosa situación de violencia en que ha transcurrido la mayor parte de la historia de Colombia. 

Más que la sumatoria para un favorable resultado electoral, la emergencia de ambientalistas, jóvenes, mujeres, comunidades diversas, líderes comunales, campesinos, estudiantes, pueblos indígenas y afrocolombianos, como actores de primer orden en el lugar de las deliberaciones y las decisiones políticas es el resultado de una sociedad que se ha venido transformando y de una cultura política que avanza y ha logrado ampliar y reconfigurar el mapa de las representaciones políticas.

Es claro que estamos en el escenario de la política, lugar en el que se dirimen los asuntos del poder, en el que es válida la construcción de alianzas, entablar negociaciones, hacer acuerdos e incluso concesiones cuando se trate de despejar caminos que permitan avanzar. 

Es ahí en donde se deben concentrar las miradas y abrir la inteligencia para mantener una apuesta en la que no se puede ser inferior a las circunstancias, sin dejar de tener en cuenta que se actúa dentro los límites de una institucionalidad confeccionada a la medida, no de los que llegan, sino de los que no se quieren ir, y que se está lejos todavía tener unas bases programáticas y una capacidad de convocatoria suficientemente consolidada.  

Es claro que estamos en el escenario de la política, lugar en el que se dirimen los asuntos del poder, en el que es válida la construcción de alianzas, entablar negociaciones, hacer acuerdos e incluso concesiones cuando se trate de despejar caminos que permitan avanzar. Pero lo es también que es un juego en el que se enfrentan límites que obligan a pensar en cómo actuar, cómo comunicar y cómo no perder el norte frente a apuestas en las que en Colombia ya se ha avanzado. 

En ese orden de ideas, preocupan los más recientes acontecimientos, incluido el referido Consejo de ministros, que no han sido propiamente una puesta en escena de quienes aspiran a dejar un saldo a favor, ni de sí mismos ni de sus realizaciones. ¿Qué estaba pensando el señor presidente cuando, sin que lo dijera, se reveló en el Consejo de ministros como el protagonista de una crisis en la que de paso ponía en la picota pública a su grupo más cercano de colaboradores?

Si se trataba de una evaluación del quehacer de sus funcionarios, se careció de rigor técnico, se hizo alusión a unas cifras de las que nunca se explicó a qué exactamente se referían, qué tipo de indicadores se estaban midiendo, a qué respondían las metas no cumplidas, tampoco las cumplidas. Fue una presentación en exceso simple, sin contexto, sin análisis y, más grave aún, frente a la que los supuestos responsables no tuvieron mayor oportunidad de reaccionar porque la palabra estuvo bajo el estricto dominio del señor Presidente, a quien pareció olvidársele que no era otra que su propia gestión la que se estaba evaluando. 

¿Debemos decir que la izquierda y los sectores progresistas se están quedando cortos para hacer frente al quiebre histórico que está viviendo Colombia? 

Sorprende por demás que no hubiera hablado nada de los logros, que sí los ha habido durante su mandato, y que es justamente lo que tenía que mostrarle a una audiencia, en general desinformada, y a la que seguramente poco le interesaban los temas más bien sin sentido que ocuparon la mayor parte de su tiempo.

Preocupa que frente a un escenario tan complejo y en el que son tantas cosas las que están por resolver, lo que más haya quedado para las murmuraciones de la tribuna sea la presencia de nuevo en el gabinete de un señor como Armando Benedetti o la continuidad en el mismo de la señora Laura Saravia; dos lunares que han resultado tan costosos que alcanzan para anegar en aguas turbias, no solo las realizaciones de un equipo de trabajo, sino las esperanzas de esa parte del país que todavía, desde la otra orilla del establecimiento, sigue creyendo y pujando por el cambio. 

¿Debemos decir que la izquierda y los sectores progresistas se están quedando cortos para hacer frente al quiebre histórico que está viviendo Colombia? Con optimismo debemos pensar que no, que lo que ocurre es propio de los ires y venires de la política, en medio también de un proceso de aprendizaje en el que, ojalá, en el balance final los costos no vayan a estar por encima de los resultados.

Vale de todas maneras traer a colación la famosa frase de Jorge Eliecer Gaitán de que “el pueblo es superior a sus dirigentes”; de pronto sirva de llamado de atención a los líderes o representantes, o que así se han proclamado, para que no vayan a dejar al descuido el sueño de una ciudadanía cuya voluntad de transformación sigue latente y que no espera de ellos menos que su buen juicio, su sensatez y su grandeza. 


*Economista-Magister en estudios políticos


domingo, 19 de enero de 2025

Catatumbo S.O.S

Orlando Ortiz Medina*


Aquí no es un gobierno el que está fallando, sino la tozudez de unos grupos a los que los dejó la historia, se degradaron en su guerra o se desviaron en sus propósitos. 


Foto tomada de Caracol radio
Lamentable la situación que vive hoy el Catatumbo. El ELN muestra de nuevo su torpeza y ceguera política y se suma al sueño de la extrema derecha de que el propósito de paz del presidente Petro fracase, porque eso le da réditos para deslegitimar a su gobierno y despejar el camino que le permita recuperar la presidencia en las elecciones de 2026. 

Flaco favor le hace el ELN a la paz, al primer gobierno de izquierda que después de mucho esfuerzo y muchos muertos logramos en Colombia, y gran favor le hace a quienes siempre nos han gobernado y se han atravesado como un palo en la rueda para no permitir que los anhelos de cambio sigan adelante.

El presidente Petro ha mostrado toda su voluntad, desde el primer minuto de su gobierno ha sido coherente con su propuesta de campaña, ha dispuesto todo, incluso con cierta dosis de laxitud, para que los procesos de diálogo se lleven a cabo y avancemos hacia una salida política al conflicto armado. Pero ello no es posible si no se encuentra reciprocidad, si desde la otra orilla no se dispone del mismo propósito y no se actúa con coherencia y con honestidad, que es lo que no ha dejado ver el ELN. 

El presidente Petro ha mostrado toda su voluntad, desde el primer minuto de su gobierno ha sido coherente con su propuesta de campaña, ha dispuesto todo, incluso con cierta dosis de laxitud, para que los procesos de diálogo se lleven a cabo y avancemos hacia una salida política al conflicto armado

Se equivoca el ELN si piensa que el país le va a comprar una propuesta de paz en la que no muestra interés alguno en cesar la confrontación e ir dando pasos serios hacia el desescalamiento del conflicto. 

No se ha dado cuenta del daño terrible que está causando en los territorios, no se ha dado cuenta de que hay una sociedad civil cansada de la guerra porque es ella la principal víctima y la más damnificada. No entiende que es precisamente a esa sociedad a la que hay que proteger y fortalecer y con la que hay que contar para acabar con el dominio hegemónico de las élites políticas y económicas tradicionales, lo que no será posible en el marco de una guerra que, si alguna vez lo tuvo, perdió razón de ser y sentido histórico.

Los que celebran este recrudecimiento de la guerra, que siempre han celebrado, los baluartes de la derecha y la extrema derecha, pasan saliva y beben en el cáliz de su sangre, mientras reclaman lo que nunca ellos lograron. Quién si no ellos son los responsables del estado de postración, desigualdad, miseria y violencia que han dejado después de más de doscientos años de gobiernos corruptos e incapaces. Ese fue el país que Gustavo Petro heredó y no se puede pedir ahora que en tres años se resuelvan las infamias acumuladas en más de dos siglos.

Hay que mantener el apoyo al gobierno nacional, respaldar la decisión de romper los diálogos con el ELN, declarar el estado de conmoción en la región y hacer presencia con la fuerza pública

¿Que este gobierno perdió el control en el Catatumbo? ¿Cuándo acaso los gobiernos anteriores lo tuvieron? Todos los gobiernos anteriores le cedieron la soberanía del Estado a los grupos armados de uno u otro cuño. ¿Que de lo que se trata es de llevar inversión social y garantizar sus derechos a los pobladores? Claro que sí, pero ¿por qué hasta ahora se acuerdan de ello los vocingleros de la oposición y nunca durante sus gobiernos se ocuparon de ello? 

Hay que mantener el apoyo al gobierno nacional, respaldar la decisión de romper los diálogos con el ELN, declarar el estado de conmoción en la región y hacer presencia con la fuerza pública. Por supuesto que la ruptura del proceso de diálogo no es una noticia que nos alegre, pero la insistencia en la guerra de la organización armada no deja otra alternativa. 

De todas maneras, la voluntad de paz y la disposición al diálogo debe mantenerse en firme. Aquí no es un gobierno el que está fallando, sino la tozudez de unos grupos a los que los dejó la historia, se degradaron en su guerra o se desviaron en sus propósitos. 

Señores del ELN, el uribismo y toda la extrema derecha les deben estar prendiendo velitas. Pero no propiamente para velar a sus muertos.


*Economista-Magister en estudios políticos 


viernes, 13 de diciembre de 2024

Queda claro, no es suficiente ganar la presidencia


 Orlando Ortiz Medina*


Si algo ha ocurrido es que a la ciudadanía le ha ido quedando claro que no basta ganar la presidencia y que es imperativo que los partidos y sectores sociales alternativos conquisten también las mayorías en el próximo Congreso.


Tomada de redes sociales
Una nueva salida en falso y una jugada perversa y en contra de los sectores sociales más vulnerables se produjo el 11 de diciembre en el Congreso de la República, en la sesión conjunta de las Comisiones III y IV de Senado y Cámara de Representantes, en la que se hundió el Proyecto de Ley de financiamiento presentado por el presidente Gustavo Petro. 

Lo que ocurrió no fue nada distinto a lo que se esperaba en un Congreso cuya mayoría está en cabeza de los partidos de la oposición y que no ha hecho otra cosa que establecer un bloqueo sistemático a las políticas de cambio que ha tratado de poner en curso este Gobierno. Las bancadas del Centro Democrático, Cambio Radical, el Partido Conservador y el Partido Liberal, con la anuencia también de algunos integrantes del Partido Verde, cerraron, una vez más, el camino por el que se pretendía avanzar hacia un sistema de tributación más progresivo, que era lo que se buscaba con el llamado a que los sectores de más altos ingresos hicieran un mayor esfuerzo tributario y contribuyeran de esta manera a cerrar la enormes brechas de desigualdad que en todos los niveles aún persisten en Colombia.   

Lo cierto es que su ansia destructiva y la saña que muestran en contra de esa parte de la población que sí está convencida de la necesidad de los cambios les pueden pasar factura y llevarlos a perder por partida doble en las próximas elecciones.

El resultado es que algunos de los programas sociales, que son los que están en la base del cambio que el país necesita, quedarán desfinanciados. De nuevo se salió con las suyas la Derecha y una parte de ese Centro desteñido, que pretenden que con ello van a seguir ganando en su propósito de desprestigiar y de lograr que nada le funcione a la coalición progresista que gobierna hoy en Colombia, creyendo que de esa manera abonan el camino que les llevará a recuperar el poder en 2026.

Lo cierto es que su ansia destructiva y la saña que muestran en contra de esa parte de la población que sí está convencida de la necesidad de los cambios les pueden pasar factura y llevarlos a perder por partida doble en las próximas elecciones. Pues si algo ha ocurrido es que a la ciudadanía le ha ido quedando claro que no basta ganar la presidencia y que es imperativo que los partidos y sectores sociales alternativos conquisten también las mayorías en el próximo Congreso. Es un gran aprendizaje saber que nada se logra con un presidente chantajeado y maniatado por unas élites y sus representaciones partidistas, que se niegan a salir del estado de confort que les ha permitido mantener sus ambiciones particulares por encima de los de las mayorías nacionales. 

Una vez más ha quedado demostrado que los sectores que más demandan atención : los desempleados, las amas de casa, los sin pensión, los de pensiones pírricas, los campesinos, los indígenas, los afrocolombianos, los jóvenes que ni pudieron continuar sus estudios ni tienen una oportunidad laboral, etc., no están debida y suficientemente representados en una instancia de tanto significado para la democracia como es el Congreso de la República. Por el contrario, se sigue legislando mayoritariamente en contra de sus intereses, lo que exige una reconfiguración más drástica del mapa de representaciones, que hoy continua en cabeza de las viejas maquinarias partidistas, los partidos Liberal y Conservador, y sus nuevas configuraciones: Centro Democrático, Cambio Radical, Partido de la U, que son, en esencia, vino viejo en odres nuevos.   

La manera como se ha querido afectar al gobierno bloqueando su acceso a recursos y su disposición para atender gastos que socialmente se consideran prioritarios no tiene justificación.

La manera como se ha querido afectar al gobierno bloqueando su acceso a recursos y su disposición para atender gastos que socialmente se consideran prioritarios no tiene justificación. El país ha mostrado un desempeño económico satisfactorio en estos dos últimos años. La pobreza ha disminuido, la inflación ha caído sustancialmente, el desempleo ha cedido, la tasa de cambio se ha mantenido estable y se ha cumplido con el pago de la deuda externa. Tendremos un cierre de año con crecimiento positivo y un 2025 que augura todavía mejores resultados. Todo esto es reconocido por Tirios y Troyanos. Justo es entonces permitir que también se avance en materia de políticas redistributivas, que fue precisamente a lo que se le puso el palo en la rueda en la sesión del 11 de diciembre en las sesiones conjuntas de Cámara y Senado. 

No gratuitamente la economía colombiana fue reconocida como la sexta de mejor desempeño entre los países de la OCDE en 2024 por la revista de The Economist, por encima incluso de países como Israel, Suiza, Corea del Sur, Suecia, Países Bajos, Estados Unidos y Alemania. Es también el único país de Suramérica que aparece entre los diez primeros de la lista. Son lugares que nunca se habían ocupado y que dan cuenta del esfuerzo serio y la actitud responsable que ha tenido el Gobierno, luego del lamentable estado en que la dejó la administración anterior y pese a que ha tenido que trasegar en medio de una muy difícil coyuntura internacional.

Gustavo Petro está demostrando que es posible apropiar políticas que lleven hacia una economía en cada vez mejores niveles de estabilidad y equilibrio, que avance a su vez hacia mejores indicadores de equidad, sin necesidad de sacrificar a ninguno de los sectores sociales, en especial a aquellos que están en peores condiciones de vulnerabilidad. 

 Hay que terminar de convencerse de que estamos en una transición y que esto apenas está comenzando.

Contrasta lo anterior con lo que ha venido ocurriendo, por ejemplo, en Argentina, en donde si bien el gobierno de Javier Milei ha logrado bajar la inflación y disminuir el gasto público, lo ha hecho a unos costos sociales enormes y muy onerosos para la democracia , que también más temprano que tarde le pasarán factura a su gobierno y en su conjunto a la sociedad argentina. Baste con decir que solo en el primer semestre de 2024, comparado con el mismo semestre de 2023, la pobreza en Argentina se elevó en cerca de trece puntos porcentuales y que aún su economía se mantiene en recesión.

Nada que sorprenda cuando los logros de Milei se han obtenido a costa del cierre de dependencias oficiales, entre ellas algunos ministerios, el recorte de la nómina y los salarios de los trabajadores públicos, la disminución de las mesadas pensionales, la paralización de obras públicas y el recorte de subsidios que atendían necesidades de los sectores más empobrecidos. 

Adicionalmente, y contrario a lo que se vaticinaba, el manejo de la economía y la defensa de la responsabilidad social del Estado se ha hecho en el marco del pleno respeto y acogimiento al Estado de Derecho y las normas institucionales. Nada ha habido que desconozca o atente contra el equilibrio de poderes y que no pase por las instancias que el fuero y el debate público exigen a la hora de tramitar las reformas. Justamente es ahí donde ha estado el nudo gordiano del que se han valido los defensores a ultranza de un establecimiento que mantiene los amarres y los vicios de antaño, configurados a la medida de quienes se siguen resistiendo a que se pongan en cuestión sus privilegios. 

Vendrá un año muy difícil por el golpe que los partidos tradicionales le han dado a la iniciativa del gobierno, que tendrá que ver cómo jugársela para no ceder en su propósito de atender las necesidades de los sectores más vulnerables y seguir adelante para que se pueda hacer efectiva la implementación de sus propuestas.

Habrá que pensar muy bien entonces la decisión de voto para Congreso y Presidencia de la República en 2026, pues la única manera de seguir avanzando en los cambios es que se avance también en la reconfiguración del mapa político, no solo en el Congreso y el ejecutivo, que de suyo sería ya un gran logro, sino en general en el conjunto de la geografía y el mapa político nacional. Hay que terminar de convencerse de que estamos en una transición y que esto apenas está comenzando. 


*Economista-Magister en Estudios políticos 

sábado, 2 de noviembre de 2024

Esta guerra es un asunto de papel higiénico


Orlando Ortiz Medina*


No debe ser fácil eso de ponerse a contar que no es solo un dicho eso de que uno es capaz de cagarse del susto.


Foto tomada de El Tiempo.com
–¿Cómo pueden vivir tranquilos ustedes en medio de tanto bombardeo? ‒le pregunto a don Carlos**‒, un campesino productor de cacao de un municipio del norte del departamento del Cauca.

‒Pues le voy a confesar, don Orlando ‒me dice mientras se acomoda en la mesa en donde compartimos un café‒, cada vez que hay un bombardeo, a mí me da diarrea; me ocurre ya no más que sienta el paso de los helicópteros. Es algo impresionante, automático, me pongo muy nervioso, siento el malestar en el estómago y enseguida me manda pal´baño.

‒ ¿Cómo así, don Carlos? ¿Y le pasa siempre?

‒Sí, es inevitable, no le estoy diciendo mentiras, es la pura verdad. Yo ya me acostumbré, entonces lo que hago es echar madrazos, esa es otra de mis reacciones, aparte de encomendarme a Dios y esperar que dejen de sonar los tramacazos. Esto es muy verraco.

Es de manos gruesas, anchas; cómo no, si nunca ha hecho otra cosa que trabajar en el campo; en sus uñas lleva el rastro de sus jornadas que día a día comienzan antes de las cinco de la mañana.

Don Carlos es un campesino afrocolombiano que se soporta y se desplaza con un caminador; una de esas estructuras metálicas que simulan cuatro patas y con la que reemplaza la tercera parte de la pierna que le falta, que no sé cómo perdió y por pura falta de confianza no me he atrevido a preguntarle.

Tiene alrededor de unos setenta años, es alto, de buena contextura física, dientes grandes y blancos y su pelo canoso refulge con su piel negra y curtida que refleja el paso del tiempo vivido en la zona rural del municipio de Guachené, en el departamento del Cauca. Es de manos gruesas, anchas; cómo no, si nunca ha hecho otra cosa que trabajar en el campo; en sus uñas lleva el rastro de sus jornadas que día a día comienzan antes de las cinco de la mañana.

Estamos en un salón que nos han facilitado en un edificio de oficinas de Santander de Quilichao. Allí se reúnen cada cierto tiempo algunos líderes campesinos de distintos municipios del departamento, en este caso vinculados a la producción cacaotera, actividad que se ha convertido no solo en una forma de defensa y resistencia cultural sino prácticamente en su única fuente de vida. Nada fácil para una región que, ya nos los explica la diarrea de don Carlos, ha vivido siempre todo tipo de contrariedades.

Don Carlos me responde con esa amabilidad y esa franqueza que lo caracteriza y lo muestra como la persona agradable y bonachona que es: 

‒Aquí siempre nos toca decir que estamos bien, pues, ni modo, ya sabe que no solo la diarrea sino también la lengua nos puede castigar el culo. Qué importa que estemos mamados con tanta violencia y tanta guerra, la verdad es que estos últimos días han sido invivibles.

 Se pueden estar dando plomo allá en la loma, pero si usted baja al pueblo va a ver que la gente está tranquila, caminando y comiendo helados en el parque, y los señores jugando cartas y tomando tinto

‒No lo dudo, don Carlos‒le respondo‒, si la vivo y la siento yo que la veo por los noticieros o me entero de ellas en los periódicos en Bogotá, ya me imagino cómo será para ustedes que la llevan en el estómago. 

‒Sí, es lamentable y cada vez peor, y nosotros los campesinos los más jodidos y los que más llevamos del bulto. 

No me explico -Continúa don Carlos, no sin cierta indignación‒ que mientras yo siento los efectos que le cuento, para otros es como si no pasara nada. Se pueden estar dando plomo allá en la loma, pero si usted baja al pueblo va a ver que la gente está tranquila, caminando y comiendo helados en el parque, y los señores jugando cartas y tomando tinto. Son tantos años conviviendo con la violencia que hoy ni un muerto ni diez ni veinte son noticia; es algo tan del día como ir al cultivo a limpiar la maleza o a recoger el cacao. Yo era uno de los que disfrutaban ir a la loma, pues eso por allá es muy bonito, pero hace muchos años que dejé de ir; a mí el miedo, y la flojera, sí me han ganado la batalla.

Don Carlos es parte de una de las muchas familias que viven de la producción de cacao; un producto que están tratando de no dejar morir porque, después de haber sido la estrella de la producción agrícola hace algunas décadas, fue desplazado por el cultivo de la caña de azúcar, que lo relegó a lo que se limita a ser ahora: una fuente básica de subsistencia a la que deben complementar trabajando como jornaleros o con la siembra de algunos productos adicionales como aguacate, plátano, yuca y algunos frutales.

Como líder de una de las organizaciones cacaoteras de la región, conoce como el que más del proceso de producción en finca; sabe cuáles son los mejores tipos de cacao, cuáles ofrecen las mayores ventajas y cuáles son los problemas a que se enfrentan los productores. Por eso desde su organización está pensando qué hacer, con quién hablar para que se les brinde el apoyo con que deberían contar, pues también tiene claro que el cacao es una especie de diamante en bruto al que no se le ha puesto suficiente cuidado y en el que puede estar al menos parte de la solución a los problemas del departamento.

Habría que averiguar cómo se comporta el mercado de papel higiénico durante los días en que se incrementan las acciones de combate en la zona;

Como es un campesino bien informado, sabe de la crisis por la que está atravesando el cacao en el mundo y de la oportunidad que representa para los productores en Colombia.

‒Mire don Orlando, por la crisis del cacao que usted sabe que hay en África, el precio este año se ha multiplicado más de tres veces. Nos habríamos podido hacer la navidad, pero también sabe que no tenemos suficiente capacidad para responder a los pedidos, pues la producción de nuestras fincas es muy baja. Además, los intermediarios nos tienen jodidos; ellos tienen para pagarle al productor en efectivo, tienen carros propios para ir hasta las fincas a recoger el producto… Por si fuera poco, son los que nos fijan los precios.

‒Sí, don Carlos, conozco muy bien la situación. Pero, volviendo a sus efectos estomacales, ¿toma algún medicamento para la diarrea? Le pregunto porque eso sí que me despertó curiosidad.

‒No, yo ya sé que apenas llegue la calma, el estómago también se tranquiliza. Es cosa de esperar; pueden ser unas horas o a veces días, pero no hay más que hacerle, algo se le debe aflojar a uno cuando el miedo lo sacude. Mejor dicho, para mí, la solución a las consecuencias de esta guerra está en contar con una buena dosis de papel higiénico.

El cultivo de hoja de coca, la minería ilegal, la disputa del control del territorio por parte de los grupos armados ilegales o su confrontación también con las tropas del ejército nacional, que en estos días han estado muy activas, se vuelven insignificantes frente al mal de estómago, que es la manera como uno de los tantos campesinos que a diario viven esta situación somatizan sus consecuencias.

Bueno, aunque eso le podría ocurrir a más de uno; habría que averiguar cómo se comporta el mercado de papel higiénico durante los días en que se incrementan las acciones de combate en la zona; una encuesta rápida en las tiendas o supermercados podría ayudarnos a tener la información; pues, así como don Carlos cuenta, habrá muchos que, pese a que puedan padecer las mismas flojeras, por puro pudor no se atrevan a hacerlo. No debe ser fácil eso de ponerse a contar que no es solo un dicho eso de que uno es capaz de cagarse del susto.

Lo que pasa es que don Carlos es un señor valiente, sin pelos en la lengua, quiere a su gente y piensa que se merecen una mejor calidad de vida. Sabe, está convencido, de que en el cultivo de cacao hay una gran oportunidad.

‒Necesitamos que haya Estado ‒dice‒, que la gente de la cooperación internacional deje de diagnosticarnos tanto; que le pongan remedio a esta guerra porque, si no, en algún momento todos vamos a terminar cagados y ya no habrá papel higiénico que alcance.


*Orlando Ortiz Medina

Economista-Magister en estudios políticos 

**El nombre original se cambió para proteger la identidad del personaje.


sábado, 19 de octubre de 2024

COP 16

 Orlando Ortiz Medina*


Nada de lo que se proponga puede hacerse fuera del marco de interdependencia y del conjunto de eventos que, en uno u otro sentido, se presentan en un mundo cuyos impactos irradian cada vez más y cuyas marcas de frontera son cada vez más tenues.



Imágen oficial del evento
Entre el 21 de octubre y el 1° de noviembre de 2024, se realizará en Cali, Colombia, la Conferencia de las partes del Convenio de Diversidad Biológica -COP 16-. En el evento se espera la presencia de alrededor de dieciocho mil personas de 196 países, entre jefes o representantes de Estado o de gobierno, organizaciones de la sociedad civil, académicos, empresa privada y organismos de la cooperación internacional.    
                                                                   
Esta reunión, la más importante sobre el tema a nivel mundial, se realiza cada dos años y tiene como fin evaluar y proponer estrategias dirigidas a garantizar la conservación de la diversidad biológica, el uso sostenible de los recursos naturales y la participación justa y equitativa de los beneficios que resulten de la utilización de los recursos genéticos.

La COP 16 es parte de un proceso iniciado a principios de la década de los noventa cuando se celebró la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro (Brasil, 1992), de la que se derivaron, además del Convenio sobre Diversidad Biológica, el Convenio de Cambio Climático y el Convenio sobre la Ordenación, Conservación y Desarrollo Sostenible de los Bosques. Con distinta periodicidad, y en diferentes lugares, estos convenios dan lugar a la celebración de las COP, cuyos temas son cada vez más convergentes. 

De la sesión que se realizará en Cali se espera, por un lado, revisar los avances en el cumplimiento de metas establecidas en sesiones anteriores, especialmente las que se propusieron en la COP 15, más conocida como Marco mundial Kunming-Montreal de la Diversidad Biológica y, por otro, asegurar el compromiso de los Estados para contar con los recursos financieros que permitan que el alcance de tales metas pueda llegar a feliz término. Esta vez tendrá también relevancia la discusión sobre el reparto equitativo de los beneficios de los recursos genéticos, con base en el acuerdo establecido en el Protocolo de Nagoya, complementario al Convenio de Diversidad Biológica -CDB-, que entró en vigencia en octubre de 2024.

Una sola razón 

Los problemas a que nos enfrentamos con el cambio climático, la deforestación y las afectaciones sobre la biodiversidad no son más que tres manifestaciones distintas de una sola razón verdadera: esa lógica, propia de la cultura occidental, que elevó a la especie humana como instancia superior y dueña absoluta de la naturaleza, a la que terminó convirtiendo en un recurso dispuesto a su arbitrio y su ímpetu depredador, que hoy pone en riesgo, además de la suya, todas las formas de vida en el planeta.

Las formas de explotación y uso del suelo, la utilización de los bosques, el tratamiento dado a la fauna y flora, así como a los recursos hídricos, se asumieron sin responsabilidad con el presente ni perspectiva de futuro, como si se estuviera navegando sobre fuentes inagotables de riqueza, circunscritas además en lógicas puras de crecimiento económico, industrialización y acumulación desmedida de bienes, en paralelo con la promoción de una cultura de exacerbado consumismo, de la que se ha hecho presa a los ciudadanos.  

Es de esa avidez que se derivan fenómenos como las sequías, los incendios forestales, la contaminación y el agotamiento de fuentes hídricas, páramos y zonas cenagosas, con todo el impacto que generan en la supresión, producción y reproducción de especies animales y vegetales, integradas a su vez a las posibilidades de preservación de la especie humana. 

 Aunque son los que menos tienen, son los países desarrollados los que más sacan provecho de la diversidad biológica.

Son resultados igualmente asociados al hecho de estar atados a un sistema de producción altamente dependiente del uso de combustible fósiles, alrededor de los cuales se mueven poderosos intereses económicos, políticos y geoestratégicos, que concitan la participación de las principales potencias mundiales y son a su vez el espejo en que se miran las caras no menos codiciosas de las grandes empresas multinacionales.

Así, en todo esto juega como telón de fondo el conjunto de asimetrías que caracterizan la transformación de las economías y el sistema de acumulación capitalista mundial, en consonancia con el desarrollo desigual de los países. En efecto, aunque son los que menos tienen, son los países desarrollados los que más sacan provecho de la diversidad biológica. 

Es en ellos donde tienen asiento las más grandes empresas farmacéuticas, las productoras de agroquímicos, las principales proveedoras de electrodomésticos y de productos alimenticios, cosmetológicos, etc., que hace que sean también los mayores consumidores de hidrocarburos, así como de otra enorme cantidad de materias primas provenientes de los países en desarrollo, solo que a través de unos sistemas de mercado que no son propiamente los más justos y equitativos.

Son, en consecuencia, los que producen más cantidad de sustancias contaminantes y generan efectos más devastadores para el cambio climático, la deforestación y la afectación a la biodiversidad; son también los que mayor apropiación hacen de las variedades genéticas, acudiendo muchas veces al uso de transgénicos para su modificación, con efectos generalmente nocivos para la salud de cualquiera de las especies vivas. 

En cambio, los países en desarrollo viven la paradoja de que, aunque poseen una mayor y más rica diversidad natural, así como cultural, son al mismo tiempo los más vulnerables tanto a los efectos del cambio climático como a la degradación de la biodiversidad. Esta última terminó siendo, además, un botín a disposición de los países desarrollados, gracias a la posición privilegiada que ocupan en el mapa de poder de la economía y la geopolítica mundial. 

Sus economías son más débiles, tienen estructuras menos robustas para llevar a cabo procesos de investigación e innovación en ciencia y tecnología, acusan niveles superiores de pobreza, desmesurados niveles de endeudamiento y menor capacidad financiera para afrontar sus compromisos, tanto en su interior como frente a otros países y organismos internacionales. Estos últimos los han presionado para asumir directrices que han afectado su capacidad y matriz productiva, en desmedro sobre todo de su producción agrícola y manufacturera.

Los países en desarrollo viven la paradoja de que, aunque poseen una mayor y más rica diversidad natural, así como cultural, son al mismo tiempo los más vulnerables tanto a los efectos del cambio climático como a la degradación de la biodiversidad

Asimismo, el predominio del monocultivo o la especialización en la explotación, especialmente de hidrocarburos, ha minado las posibilidades de diversificar su canasta exportadora y de mercado interno, así como el mantenimiento de una fuente más variada de productos para garantizar su soberanía y seguridad alimentaria.  

Es claro que el cambio climático, la deforestación y la pérdida de biodiversidad no solo aumentan las brechas de desigualdad y agudizan las inequidades entre y al interior de los países, sino que se han convertido también en una fuente de violación de los derechos: los que directamente se ven afectados por las consecuencias en la naturaleza, como el derecho a la seguridad alimentaria, a un ambiente sano, a la permanencia en un territorio o a migrar cuando se quiera, por ejemplo. Asimismo, los que se causan sobre aquellos que se han levantado contra las políticas y los responsables de quienes los violan o vulneran. No fortuitamente, en 2023, el 85% del total de los crímenes cometidos contra defensores ambientales en el mundo ocurrieron en América latina. El 40%, un récord más que se nos suma, ocurrió en Colombia.

A esto se agrega la pérdida de conocimientos, valores y saberes ancestrales que, de manera también violenta, han sido sofocados bajo un supuesto hálito progresista y modernizante que se ha sobrepuesto especialmente sobre comunidades y territorios indígenas y afrodescendientes.

Una refundación cultural

Visto así el panorama, lo esperado de la COP 16es saber si se logra que los Estados asuman que se trata es de revertir la escala de valores y el juego de intereses que han orientado los sistemas de producción, distribución, consumo y acumulación. En otras palabras, arrogar que, más que el valor de cambio, es el valor de uso lo que debe primar en relación con las formas de integración entre la especie humana y las demás especies de la naturaleza.

En el fondo, lo que se requiere es una gran transformación cultural, la superposición de un nuevo núcleo de comprensiones y relaciones, de nuevas formas de organización social, política e institucional, que lleven a que en el universo de la producción y el consumo la prioridad sea la preservación y el cuidado de la vida, y a que el llamado progreso no siga siendo más que otra forma de autodestrucción y de uso al descuido de los recursos de la naturaleza en el presente, para la agonía anticipada de las generaciones del futuro. 

Es claro, en particular cuando se trata de los países desarrollados, que el asunto no es la falta de recursos. Siguen disponiendo de enormes subsidios al uso de combustible fósiles, mucho más de los que destinan a la protección del medio ambiente, cuando no para los ahora llamados negocios verdes, que no son más que el disimulo de lo que realmente corresponde a un proceso de mercantilización de las posibles soluciones; la oportunidad de pagar por seguir haciendo daño, sin alterar la matriz y función de producción, en donde se encuentran las verdaderas raíces del problema.  

Guerras, desastres naturales y antrópicos, hambrunas, crecientes olas migratorias y mucho más, son la síntesis de un modelo de civilización que fenece y reclama a su vez el surgimiento de un orden nuevo

Los países desarrollados no tienen mayores limitaciones para establecer subvenciones y otros mecanismos de financiamiento; por el contrario, les es posible crear impuestos adicionales a quienes concentran mayor riqueza y disponer de ellos para promover la transición hacia el uso de energías alternativas, así como para poner en curso iniciativas dirigidas a mitigar los impactos ya causados y evitar el camino hacia una situación de no retorno.  

Se da por sentado que nada de lo que se proponga puede hacerse fuera del marco de interdependencia y del conjunto de eventos que, en uno u otro sentido, se presentan en un mundo cuyos impactos irradian cada vez más y cuyas marcas de frontera son cada vez más tenues. Guerras, desastres naturales y antrópicos, hambrunas, crecientes olas migratorias y mucho más, son la síntesis de un modelo de civilización que fenece y reclama a su vez el surgimiento de un orden nuevo, algo nada fácil de alcanzar en un escenario en muchos casos gobernado por orates que se recrean al ritmo de su desbocada carrera armamentista y están empeñados, pese a lo evidente, en negar el deterioro y la amenaza que se cierne.

En buena hora, en Cali se verá representado el país que somos, pues es una ciudad que sintetiza la riqueza y diversidad ecosistémica, biológica y cultural que el país alberga en toda su geografía; allí se encuentran grupos étnicos, formas, estilos de vida y procedencias, que seguramente se pondrán en diálogo con la nutrida delegación internacional que nos visitará durante estos días de encuentro.  

Bienvenida esta nueva versión de la COP a esta Colombia multiversa, de gozos y dolores, la que desde el canto rebelde de los (as) jóvenes no pierde su pujanza y tiene esta vez la enorme y orgullosa posibilidad de ser ante el mundo la vocera de todos los (as) que, sin dejar de bailar entre la angustia, anhelan una segunda oportunidad para la tierra.  

*Economista-Magister en estudios políticos